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Yakuza 6: The Song of Life – Análisis PS4

Los ideales son a prueba de balas

Yakuza 6: The Song of Life no solo es uno de los mejores juegos del año, sino uno de los juegos con los que más me he implicado a lo largo de mi vida como videojugador. No es su adictivo sistema de combate, no son sus maravillosos gráficos, ni sus locos minijuegos. Ni siquiera es Kiryu Kazuma, la representación ficticia de unos ideales a los que muchos no podemos siquiera aspirar. Yakuza siempre ha sido especial gracias a la suma de todos sus elementos; una mezcla que no vais a encontrar en ningún otro juego del mercado, que siempre va a buscar sorprenderos y solo por eso merece vuestra atención.

Desde luego, si os interesa la temática de mafias y los brawlers os divierten es una compra casi obligada. Sin embargo, es una recomendación totalmente obligada a aquellos apasionados de la cultura japonesa como yo. Yakuza no solo es un juego que ahonda como ningún otro en las dinámicas de las mafias orientales, enseñándonos sus métodos, cultura e historia, sino que también hace un retrato fascinante a la vez que crítico de la sociedad japonesa contemporánea.

Vivir con honor

Lo primero que debéis saber es que podéis jugar a este Yakuza 6 sin problemas aunque seáis nuevos en la franquicia. En absoluto es la opción que recomiendo, pues gran parte del interés de este juego consiste en acompañar a Kiryu en su última aventura (dicho por sus creadores, no spoilers); sin duda recomendaría iniciar la serie por Yakuza Kiwami y Yakuza 0, que dan una muy buena base para disfrutar de este canto a la vida de una forma más que satisfactoria.

Aún así Yakuza 6 incluye un resumen de sus anteriores entregas para ponernos en antecedentes y las primeras horas de juego se encargan de volver a presentarnos a todos los personajes clave de la historia. Ahora bien, para los veteranos de la serie: esta es una historia centrada en el Dragón de Dojima casi en exclusiva, por lo que personajes míticos de otras entregas como Goro Majima hacen apariciones muy breves y sin apenas peso en la trama (Date y Akiyama son los que más presencia tienen en esta entrega). Sin embargo, estad tranquilos, Yakuza 6 nos presenta a todo un elenco de nuevos personajes maravillosos que constituyen una historia absorbente e interesante, no solo por los acontecimientos derivados de la temática mafiosa, sino por la maestría con la que el juego te hace conectar con sus protagonistas.

Los creadores de la serie afirmaron que iba a ser una historia más personal y no mentían: ante todo es una historia de personas con unos objetivos que verán o no cumplidos, y que sufren una evolución a lo largo de las más de 15 horas que dura la campaña principal. Al final es inevitable que los giros de la trama acaben involucrando a 80 familias mafiosas con sus respectivas guerras de clanes, como es típico no solo en la serie Yakuza, sino también en las películas y doramas del género, pero siempre bajo el manto de la temática familiar.

Es cierto que el único que no sufre una evolución en el proceso es Kiryu, quien ha permanecido casi desde el principio de la saga siendo el perfecto husbando… digo, el ideal del yakuza japonés clásico, y eso no cambia ahora. Eso sí, los principios y el concepto de honor de Kiryu serán llevados al límite a lo largo de la historia. El Dragón de Dojima comienza la aventura justo después de los eventos acaecidos en Yakuza 5. Decide cumplir cuatro años de cárcel para limpiar su nombre y que su hija adoptiva Haruka pueda vivir en paz con los niños del orfanato Sunflower. Sin embargo, al salir de la cárcel, Kiryu descubre que Haruka ha sido atropellada y su estado es crítico. No solo eso, sino que además ha dejado tras de sí a un recién nacido, Haruto, que parece ser su hijo.

Kiryu se ve forzado a ejercer de abuelo y protector de ese bebé y decide partir en busca del padre de la criatura. Las pistas le llevan a Onomichi, un pequeño pueblo pesquero en el que conocerá a la familia yakuza Hirose, donde encontrará una inesperada relación de amistad y que le ayudará en su misión. Paralelamente, el clan Tojo se disputa con las triadas chinas la soberanía de Kamurocho, el distrito que ya es un protagonista más de la franquicia, y que luce mejor que nunca gracias al motor Dragon Engine. A pesar de que Yakuza 6 se lanzó en Japón en el año 2016, es un juego que a nivel técnico puede competir de tú a tú con muchos videojuegos actuales. La iluminación es increíble, el número de personajes en pantalla muy respetable y la mayoría de las caras rozan el fotorrealismo.

Mención especial a las expresiones faciales de los protagonistas: actores conocidos como Takeshi Kitano o Tatsuya Fujiwara (protagonista de Battle Royale y el live action de Death Note) prestan su rostro y sus voces, aportando mucho a una experiencia tan cinematográfica como esta. Muchas veces me he emocionado en una escena simplemente por lo expresivas que son las caras de los personajes, consiguen transmitir sus emociones de una forma sobresaliente. Además, todas las escenas están realizadas con el propio motor del juego (muestra de la confianza que tienen en su producto) y todas las líneas de diálogo están dobladas (pero con textos en inglés), a diferencia de anteriores entregas en las que muchas veces solo podías pasar líneas de texto durante los diálogos. El apartado sonoro por su parte es una maravilla, acompaña perfectamente la acción y el tono de las escenas que vemos en pantalla.

Es cierto que a nivel gráfico presenta ciertos errores fáciles de encontrar en un motor gráfico recién estrenado: colisiones y físicas raras en algunos combates, ciertas caras parecen peor rematadas que otras y la tasa de imágenes por segundo no se mantiene estable en los 30 fps cuando aparecen muchos elementos en pantalla (no llega a ser molesto en ningún momento, ni es algo que pase muy a menudo). A cambio el juego nos ofrece dos espacios semi abiertos llenos de detalles, objetos con los que interactuar y repletos de contenidos y misiones a realizar. No en plan Assassins Creed, sino en plan Yakuza. Sus mapas no están llenos de símbolos que visitar ni te agobia con un listado de misiones a cumplir. Yakuza siempre ha sido un juego humilde en este aspecto: no quiere que te sientas abrumado por su mundo, de hecho si solo sigues la historia principal, apenas llegarás a conocer un 40% de lo que puede ofrecerte.

Como última referencia al Dragon Engine, hay que avisar de que además del recorte sufrido en los estilos de lucha (de los cuatro estilos de Yakuza 0 pasamos a tener uno solo) y el número total de misiones y minijuegos del juego, también Kamurocho ha visto reducida su extensión. Calles enteras e incluso el Purgatorio están cerrados por obras. Da la impresión de que no les ha dado tiempo o no han tenido medios para recrear por completo Kamurocho, quizás por la inclusión de la enorme Onomichi o para mantener la ausencia de tiempos de carga (inexistentes al pasar dentro de edificios y al combatir) a la par que la fluidez del juego, pero aún así puede llamar la atención a quienes vengan de otras entregas. Mas tranquilos, es un juego con contenido de sobra y no se siente recortado, pero en comparación con las abrumadoras cifras de Yakuza 5 y Yakuza 0 es justo mencionarlo.

Yakuza te invita a que explores sus dos ciudades a tu ritmo. Una seña de identidad de la saga siempre ha sido la profundidad de sus subhistorias. En esta ocasión contamos con 52 de ellas, un número menor que en otras entregas, pero con la misma calidad de siempre. Mantienen esa maestría para mezclar misiones absurdas que te harán partirte de risa junto a otras que te harán implicarte más que algunas secciones de la trama principal; esto se consigue gracias a la introducción de muchas microhistorias que analizan aspectos controvertidos de la sociedad japonesa. Al final de estas misiones  Kiryu siempre ofrece una pequeña conclusión a modo de moraleja, invitando muchas veces a la reflexión. La adicción a las nuevas tecnologías, el avance imparable de la ciencia, la dificultad de los japoneses para relacionarse… algunas hacen referencia a entregas anteriores, o a grandes obras del anime o el cine, las cuales no desvelaré para que las disfrutéis tanto como yo cuando las jugué por primera vez.

Yakuza se desarrolla como ya hemos dicho entre Kamurocho y Onomichi. Kamurocho es la antítesis de la ciudad portuaria: las luces de neón son los rayos de sol que iluminan la ciudad, y locales con las más diversas actividades abarrotan sus amplias calles. Onomichi por su parte apenas tiene negocios a los que acudir, pero cuenta con entornos y zonas de una silenciosa belleza que no puedes encontrar en Tokyo. Recorreremos ambas zonas siempre a pie, no hay vehículos. Sigue habiendo viaje rápido entre zonas mediante taxis. Podremos ir siguiendo el curso de las misiones de la historia principal, entretenernos con las subhistorias que encontremos en nuestro camino, ayudar en pequeños sucesos que nos llegarán a través de la aplicación de móvil TroubleR o, simplemente, lanzarnos a explorar sus calles y edificios y disfrutar del precioso mundo de juego. Eso sí, casi todo lo que pasa en Yakuza 6 acaba resolviéndose a mamporros.

Por la calle los delincuentes de poca monta y otros yakuza seguirán intentando medirse con el legendario Dragón de Dojima. Los combates ahora son totalmente abiertos y sin cortes en la acción; adiós a los míticos corrillos de anteriores entregas. La lucha puede llevarse al interior de las tiendas y edificios y, por primera vez, puedes huir de aquellos combates que no te interesen. El sistema de combate ha cambiado mucho y no necesariamente para bien según los gustos de los jugadores más veteranos: se han unificado en uno todos los estilos de combate.

Al utilizar un nuevo motor gráfico el sistema se ha rehecho desde cero. Aunque podamos reconocer algunos movimientos de anteriores entregas, se siente completamente diferente. Las animaciones son mucho más suaves, naturales y fluidas, haciendo los combates mucho más dinámicos y vistosos. Por supuesto el modo Heat con sus característicos ataques finales siguen dando una espectacularidad admirable a las contiendas. La interacción con los objetos del escenario sigue siendo muy alta, llegando hasta el punto de poder derrotar a los enemigos simplemente pateando objetos de la calle. El cuadrado es ataque ligero, el triángulo ataque fuerte, el círculo agarre, el L1 defensa y parries y el R1 fija a los enemigos. Los combos se realizan mediante combinaciones muy sencillas de estos botones.

Tiene mucho más de machacabotones que de títulos hack and slash puros como Bayonetta. Todo esto sumado a la eliminación de los diversos estilos vuelven los combates algo mucho más simple que en las anteriores entregas. Aún así, gracias al sistema de progresión, a las posibilidades que ofrece este estilo único y a lo bien que lucen las peleas en pantalla personalmente prefiero este sistema al anterior. Los combates de antes eran muy divertidos, pero se sentían mucho mas arcaicos y toscos, con un ritmo mucho más pausado. A los mandos este sistema se siente magnífico, en ningún momento me he sentido cansado del sistema de combate. Mi Kiryu Kazuma no ha huido de una sola lucha en todo el juego. Aunque entiendo que es algo personal y que los veteranos que probaran los variados sistemas de combate de Yakuza 5 o Yakuza 0 vean esto como un paso atrás. Lo que nadie podrá negar que ha ganado puntos son las batallas contra los jefes, siendo estas ahora mucho más lógicas, cinematográficas y divertidas que antes, que se convertían en un pega y corre ridículo y hasta tedioso. Los combates finales en The Song of Life son tremendamente épicos y divertidos de jugar, dejando estampas para el recuerdo.

El sistema de progresión se basa en puntos de experiencia que se usan para potenciar parámetros como salud, defensa, ataque… o bien para desbloquear movimientos, ataques finales o habilidades pasivas. Se distribuyen en cinco categorías diferentes. Así el juego introduce mecánicas para que podamos ganar más experiencia en el apartado que queramos a partir de, por ejemplo, entrenando en el gimnasio (con un  número sorprendente de opciones de entrenamiento) o con su sistema de comidas y bebidas, que tiene más importancia que en anteriores entregas, pudiendo hasta hacer combinaciones especiales en los menús de los diferentes establecimientos. No es un sistema complicado y es satisfactorio de utilizar.

Por último, como es habitual en la saga debo alabar los minijuegos. Yakuza siempre se ha caracterizado por sorprenderte con minijuegos que, reunidos, podrían ser capaces de suponer un juego en sí mismo gracias a lo complejo y divertido de sus mecánicas. El mítico karaoke, un cat cafe, béisbol, un shooter on rails en las profundidades submarinas de Onomichi, las recreativas… oh, las recreativas. Incluyen clásicos completos como Space Harrier y modo a dos jugadores para Puyo Puyo y Virtua Fighter 5. Es increíble la cantidad de horas que puedes pasar únicamente en sus minijuegos, que siguen siendo muchos y con mecánicas totalmente diferentes entre sí (maldigo el juego de calmar a Haruto mediante los controles táctiles y de movimientos del Dual Shock 4; me ha hecho sentir un mal padre).

Hay incluso una línea argumental entera de varias horas en torno a un sistema de combate de estrategia en tiempo real en el que creas tu propia banda para derrotar a los pandilleros de JUSTIS. Puedes ir reclutando diferentes yakuza que encuentras por las calles para incorporarlos a tus filas, subir sus niveles y stats, planificar sus formaciones en combate… es una locura muy adictiva y bien resuelta que cuenta con la complejidad justa para engancharte.

Solo con lo expuesto anteriormente se puede apreciar que estamos ante un juego excelente en todos sus apartados. Pero sería quedarse en la superficie. Para mí lo que ha marcado la diferencia ha sido cómo ha conseguido que me implique con sus personajes y las emociones que he sentido jugándolo por todas las situaciones interpersonales que plantea. El subtítulo The Song of Life no es algo escogido al azar: Yakuza 6 es una historia de seres humanos, de la importancia de la familia para nuestro desarrollo personal y de la responsabilidad que tenemos hacia las siguientes generaciones.

¿Qué es una familia?

Yakuza 6 no es un festival de fan service. Quiere contar el final de la historia de Kiryu enfrentándolo a una temática muy concreta, prescindiendo para ello de casi todo el casting habitual de la serie y añadiendo a su propio elenco de personajes, a los que acabarás queriendo sin remedio. Todo el argumento de Yakuza 6 gira en torno al concepto de familia en general y a las relaciones paternofiliales en particular; los deseos de los padres enfrentados a los de los hijos o qué les dejamos a las nuevas generaciones. Analiza un gran número de situaciones de este tipo y sus repercusiones mediante personajes de la trama de una forma muy interesante. Incluso se permite el lujo de debatir qué es una familia para los personajes, aquella con la que nacen o aquella que ellos eligen, o la importancia del vínculo sanguíneo según tu cultura.

Sin embargo, yo he conectado por completo con otra faceta de Kiryu. ¿Cuántas veces hemos sido testigos en nuestra vida diaria de injusticias? ¿Cuántas veces hemos intervenido? ¿Cuántas no hemos hecho nada por miedo o, peor aún, por pereza? Aún recuerdo la rabia que sentí la última vez que por miedo no intervine en una situación claramente injusta hacia otra persona, el daño que me hice apretando los puños de pura frustración.

Se puede conectar tan bien con un héroe como Kiryu porque no tiene superpoderes, usa su fuerza para resolver problemas que nosotros mismos podemos encontrar en la calle, problemas de nuestra sociedad. Unos matones que increpan a una señora, un hurto, preguntarle a alguien claramente apenado si podemos hacer algo por ayudarle… Esa inspiradora y tierna inocencia que sientes a lo largo del juego resolviendo todas las injusticias y los problemas del mundo tan solo hablando y peleando. Jamás me he sentido tan heroico en un juego como en este Yakuza 6. Nadie nos pide que paremos una pelea de bandas, pero mi viaje con Kiryu me hace pensar que quizás haga falta mucho menos para ser un héroe. Quizás solo baste con la voluntad de hacer siempre lo correcto, ayudar sin pensar, sin juzgar, a aquel que lo necesite; acercarse a aquella persona que puede que solo necesite hablar, un abrazo o unas palabras de ánimo. Un juego capaz de hacerte querer ayudar a la gente tiene mucho más mérito que cualquier AAA que podamos encontrar.

Vivir sin remordimientos – Conclusiones

Yakuza 6: The Song of Life en su superficie se muestra como un gigantesco juego lleno de posibilidades, con unos combates y unos minijuegos tremendamente divertidos y una historia fascinante en lo concerniente a las mafias. Sin embargo es algo que encontramos en el resto de entregas de la serie. Es el hecho de que sea el viaje final de Kiryu lo que nos tiene que motivar a hacer balance de su recorrido.

Si hacemos esto nos encontramos con un juego que, aunque puede que no sea lo que todos los fans de Yakuza querían, es un broche de oro a la historia de Kiryu Kazuma. El Dragón de Dojima no tiene remordimientos, ha recibido el trato que se merecía. La profundidad, la variedad y el cariño de todos los temas que trata el juego a nivel de sociedad y familia lo convierten en una obra maestra imprescindible gracias a la capacidad que tiene de conectar con los jugadores desde múltiples perspectivas.

Mi cerebro me dice que no es perfecto, y por eso su nota es un 9. Ver un Kamurocho incompleto, un sistema de combate que podría haber cogido algo más de la profundidad de anteriores entregas, la falta de localización a nuestro idioma y un motor gráfico que aún puede refinarse más me obligan a bajarle la nota, sobre todo porque para conseguir estas cotas de calidad ha tenido que perder logros que la serie ya había conseguido.

Sin embargo, nunca olvidaré a este personaje ni el viaje que he recorrido con él. Muchos momentos de Yakuza 6 los recordaré siempre con cariño y será un juego al que vuelva cada cierto tiempo. No sé deciros si es el mejor Yakuza, pero eso qué importa: la calidad de este juego está por encima de toda duda y debería ser la excusa perfecta para que la gente empiece a conocer esta saga que ya forma parte de la historia de los videojuegos.

Yakuza 6: The Song of Life

Puntuación Final - 9

9

Imprescindible

No puedo deciros si es el mejor de la serie, pero desde luego Yakuza 6: The Song of Life es el broche de oro que Kiryu Kazuma merecía. Una fantástica entrega para los veteranos y un buen punto de inicio para los recién llegados.

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Alejandro Morillas Tellez

Fisioterapeuta/osteópata de día, hipnoterapeuta cuando es necesario y apasionado jugador de videojuegos por la noche. Los primeros juegos que relaciono como favoritos son Catherine, Vanquish, Overwatch y Kingdom Hearts. Pero siempre estoy disponible para un Tekken, un Vermintide o una maratón de Metal Gear.

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