AnálisisPS4

Shadow of the Colossus – Análisis PS4

Un clásico atemporal con un aspecto completamente renovado

Han pasado 12 años. Y es curioso, te tengo en mis manos tal y como te tenía por aquel entonces, y a pesar de lo que hemos cambiado, todo parece igual. Y por aquel entonces, cuando era un crío que aún creía que las grandes historias constaban de grandes palabras, viniste tú, y me demostraste que no se necesitaban intrincados diálogos, si no grandes hazañas para definirnos.

Hoy me voy a permitir abrir mi corazoncito antes de comenzar el análisis, de explicaros por qué este análisis es especial, porque Shadow of the Colossus no es otro juego más, es el que cambió mi vida y me ha traído aquí, a soltar mi verborrea día tras día. Es por esto que me aterra enfrentarme al análisis que, en parte, siempre he estado esperando, y ahora me siento pequeño frente a un coloso. También es porque cuando conocí este juego, no pude permitírmelo, y un buen colega, que por desgracia ya no está, me dio la oportunidad de ver los videojuegos de una forma distinta, más allá del entretenimiento.

Así que aquí estoy, y hoy va por ti, Andrés.

A través del valle, donde la soledad reina

El aleteo de un águila en un precioso cielo coronado por una luna llena, la música emergiendo tímidamente, y una caída en picado del ave hasta cruzarse con un jinete a los lomos de una yegua, cargando algo hacia un destino incierto. Ahí comienzan los recuerdos para aquellos que nos adentramos en la historia original, pero todo es distinto, y a la vez conocido.

Dicen que el joven, sin ningún nombre concreto -aunque se le nombró como Wander– va a una tierra prohibida, un edén donde la naturaleza ha campado a sus anchas y donde los restos de antiguas civilizaciones son los únicos fragmentos de un lugar en el que ya nadie habita. Allí, donde nuestro protagonista se dirige, se dice que un demonio permanece cautivo, y que este posee la habilidad de traer a los muertos a la vida, una norma que nunca debe ser transgredida por los mortales.

Shadow of the Colossus es un juego sobre la soledad, el egoísmo y cómo los actos hablan por nosotros. No existen los antecedentes, tampoco su futuro, se centra en el aquí y ahora.

Cuando el héroe entra en el santuario, descubre el cuerpo de una doncella sacrificada por un destino maldito, sin un nombre, ni siquiera se molesta en decirnos qué le une al protagonista, porque su creador, Fumito Ueda, no quiere crear ningún lazo poniéndonos en antecedentes, si no con cada uno de los actos que cometerá el protagonista.

El demonio, interesado por la espada que porta el protagonista, le ofrece un trato:

¿El alma de esa doncella?, las almas perdidas no se pueden reclamar… ¿no es esa la ley de los mortales?, sin embargo con esa espada quizás sea posible. (…) Si derrotas a esos colosos, los ídolos caerán… Pero te lo advierto, el precio a pagar puede ser muy alto.

Pero en él no hay ningún atisbo de duda, ni siquiera se plantea por un momento en tomarse unos segundos para meditar en la advertencia de la deidad, solo contesta: No me importa.

Wander se enfrentará a 16 colosos para recuperar el alma de la doncella, Mono, tomando una tarea titánica que le llevará a recorrer las colosales tierras prohibidas en busca de sus víctimas.

Lo magistral de Shadow of the Colossus es cómo juega con la idea de la hazaña y el crimen. Somos a la vez un héroe, y un villano, un ejecutor de criaturas que vagan pacíficamente -en su mayoría- por el único deseo de devolver la vida a la que, presuponemos, es el amor de Wander, ya que lo único que define su lazo es la tarea que el protagonista carga sobre sus espaldas.

De hecho, y para evitar spoilers en este análisis, hablé hace no mucho de cómo Fumito Ueda deconstruye la figura del héroe a través de Wander, de cómo idealizamos su cruzada contra los colosos por un motivo tan banal como el amor, sin importar que este desobedezca tanto las leyes humanas, como que sea capaz de alzar su espada contra todos y cada uno de los colosos sin dudar.

Porque los actos del protagonista son los únicos que hablan en un juego donde reina el silencio, sus leves gestos, su torpeza para manejar la espada que delata su torpe formación militar, y por supuesto, su fragilidad, contribuyendo a ese sentimiento de pequeñez, de no estar preparados para hacer frente a los peligros que nos encontraremos de aquí en adelante.

Y es una forma magistral de contar una historia, porque el juego nunca se detiene a darte razones de por qué estás haciéndolo, simplemente te da el mando y te deja sentirte el “héroe” de la historia, de sus largas cabalgadas en busca del coloso, del pánico al ver su figura en el horizonte y el subidón de adrenalina cuando comenzamos la escalada para derribarlo. El lenguaje de Shadow of the Colossus es puro videojuego, entiende que este es un medio completamente inmersivo donde el jugador es partícipe, y es por eso que no necesita explicar nada de lo que sucede, porque nosotros estamos ahí.

La sombra del coloso

La temática de Shadow of the Colossus podría resumirse tan fácilmente como recibir la orden de asesinar un coloso, dar con él, asesinarlo y vuelta a empezar. Es un juego que consiste en la repetición, que nos propone iniciar una búsqueda por unas tierras desoladas, sin rastro de animales más allá de algunas aves y lagartos.

La obra de Fumito Ueda está compuesta por todos los elementos necesarios para contar su historia, ni uno más, ni uno menos. Reina el minimalismo, nadando a contra corriente de la tendencia a llenar de contenido un juego para alargar su vida útil.

Este esquema se debe a la forma que tiene Fumito Ueda de trabajar, haciendo uso del Diseño por Sustracción. Esta forma de ver el videojuego consiste en eliminar todo aquello que sea innecesario en la historia, reduciendo al mínimo sus recursos, volviéndose algo minimalista y que, por aquel entonces, no era algo que a lo que se estuviese acostumbrado. Shadow of the Colossus cree en el menos es más, y se niega a darnos contenido vacío solo para proporcionarnos horas de juego que no lleven a nada.

Porque el lenguaje que tiene esta obra para transmitir son sus silencios, la repetición y la búsqueda. Nuestro protagonista está enfocado en su tarea, y cualquier cosa que le distraiga sería antinatural, no sentiríamos que hay ninguna prisa en revivir, lo que parece ser, el cuerpo de su amada.

Todo en el juego es enorme, buscando que nos sintamos pequeños e incapaces de hacer frente a nuestro cometido. Cada coloso es, en sí mismo, un puzle que debemos superar para llegar a sus puntos débiles.

Podríamos diferenciar la jugabilidad de Shadow of the Colossus en dos etapas. La primera es la búsqueda, cuando Dormin, la deidad cautiva en La Tierra Prohibida, nos da los detalles de nuestro rival. Partiremos desde el santuario principal, y con el reflejo de la luz en nuestra espada nos guiaremos hasta su paradero por un mundo completamente deshabitado, donde solo tendremos la compañía de nuestra fiel yegua, Agro.

Su búsqueda es uno de los principales cometidos del juego, y además, una pista de cómo tendremos que enfrentarnos al coloso. El entorno juega un papel fundamental en este juego, y en la mayoría de ocasiones deberemos usarlo a nuestro favor.

El segundo será cuando nos topemos con la inmensa figura en el horizonte, una bestia de caminar melancólico y tranquilo que será perturbado por nuestra presencia, pues estos se sienten como parte del terreno y nosotros somos el elemento discordante. Los colosos son figuras pacíficas, al menos en su gran mayoría, y de tamaño variable, por lo que requerirán de diferentes estrategias para alcanzar sus puntos débiles.

Conocer dónde se ubican sus puntos débiles es esencial. Como otros factores determinantes: el terreno, que Agro forme parte de la batalla o no, o el propio comportamiento del coloso.

Como únicas armas solo dispondremos de la espada, la cual es necesaria para asesinar al coloso y revelar sus puntos débiles, y un arco que sirve como una herramienta para llamar la atención, o para abrir el camino hasta nuestro enemigo con según qué bestia nos toque enfrentarnos.

La magia es que cada coloso es, en sí, un puzle que debemos resolver en pleno combate. Si estamos demasiado perdidos el propio Dormin nos dará una pista de qué debemos hacer, aunque es aconsejable desactivar esta opción para disfrutar de su épica y tensión, de sentirnos como un muñeco en las manos de un ser al que, en el mejor de los casos, nos saca solo un par de metros de altura.

El lenguaje del videojuego

Fumito Ueda tiene una particularidad en sus obras, y es la de mostrar las emociones a flor de piel obligando al jugador a tomar el control de un personaje que no tiene ninguna particularidad especial. Wander no es un guerrero, no sabe portar un arma, tampoco tiene la formación necesaria para hacer frente a algo tan exageradamente enorme, solo cuenta con su ingenio.

La manera que tiene el desarrollador nipón para implicarnos con su protagonista es a través de sus mecánicas. Un ejemplo de ello es cómo nos obliga a mantener pulsado el botón de agarre – el cual variará si decidimos usar el esquema de control clásico o el renovado- en vez de optar, por ejemplo, por mantener el agarre automático.

Shadow of the Colossus implica al jugador a través de sus controles, obligándonos a sujetar con fuerza el botón mientras Wander escala, o es sacudido por el coloso para apartarlo, sintiendo la tensión en nuestros propios dedos.

Esto no es algo que se haya hecho por pura casualidad, si no una forma de transmitir el control de Wander al jugador, como por ejemplo, que al cabalgar sobre Agro nunca manejemos al corcel directamente, si no al jinete, lo que provoca que el animal tenga un comportamiento natural y que, a veces, escapa a nuestro control.

Agro se asusta, y a veces correrá en otra dirección, incluso cuando la llamemos en pleno combate, la yegua a veces correrá despavorida porque, con total razón, no entiende qué está sucediendo y solo sabe que lo que está frente a ella es peligroso. También esto favorece algunos combates, ya que jamás debemos estar pulsando el botón para que galope, solo espolearla y ella seguirá el camino mientras nosotros, por ejemplo, apuntamos con nuestro arco para cegar a un coloso o para intentar lanzarnos de su lomo al pelaje de la bestia.

Agro es la co-protagonista de esta historia, la única compañía que tendremos en la aventura. Leal, protectora y un apoyo silencioso cuya amistad se forja a través de los actos que nos toca vivir junto a ella, en esas largas cabalgatas por el terreno.

Es importante incidir en Agro porque, lejos de ser un vehículo sin más, es la única compañía de la que dispondremos durante el juego. A lo largo de las 10 horas que dura la obra -reduciéndose considerablemente si eres un veterano y conoces las localizaciones y puntos débiles- será lo único vivo, más allá de los colosos, que no se muestre hostil a nuestra cercanía.

Se gana nuestro cariño por méritos propios, porque se siente como una auténtica compañera de batalla, y en un juego donde reina la soledad, tener a alguien que cuida de ti es esencial.

Un clásico que ha sabido renovarse

Cuando uno toca una obra de culto, como es Shadow of the Colossus, saltan las alarmas. Bien es cierto que en PlayStation 3 tuvimos una remasterización bastante loable, que corregía algunos problemas graves del original como su frame rate o las texturas y, por lo tanto, un remake no era algo necesario, pero cuando uno toma los mandos del trabajo de BluePoint Games se da cuenta del enorme trabajo que hay detrás de un juego que mantiene intacta su alma, pero que por fuera es completamente diferente.

No, el estudio americano no se ha pillado los dedos; tenemos un juego completamente idéntico en cuanto a mecánicas y estructura. Todo es igual, cada coloso, el camino que seguiremos, el desenlace. Sí, podrían haber incluido a los colosos descartados, e incluso Fumito Ueda propuso una serie de añadidos que no fueron escuchados, ¿pero a caso no pondríamos el grito en el cielo si hubiesen modificado un solo ápice del ADN de la obra?

Este remake hecho por BluePoint Games es, básicamente, una carta de amor de un estudio que ama el trabajo de Team Ico, luchando por conservar todo lo que lo hacía único, y con la loable intención de, simplemente, adaptarlo a nuestros tiempos.

Incluso a pesar de ser el mismo juego ya ha levantado polémicas como suavizar el efecto de niebla que antes cubría las carencias técnicas de PlayStation 2, que movía como bien podía un título adelantado a su generación. Pero no es ningún fallo, ya que La Tierra Prohibida es, prácticamente, un edén, y como tal debe ser un lugar idílico y bello, transmitiendo tranquilidad a la vez que soledad.

Los añadidos del nuevo estudio son casi anecdóticos, como nuevos objetos que desbloquear en el modo contrarreloj, una cueva en el mapa donde nos espera un simpático huevo de pascua de otra obra de Fumito Ueda, la inclusión de un coleccionable en forma de moneda de oro, que desbloqueará un potente arma, y por último, la inclusión de una galería de bocetos, ilustraciones y hasta comparaciones del título original.

El cambio a nivel gráfico está a otro nivel. El remake de Shadow of the Colossus es uno de los más brutales que hemos vivido, renovándolo por completo hasta parecer que ha nacido para PlayStation 4.

Su mayor cambio es, sin duda, a nivel gráfico. Este remake es uno de los más poderosos que hemos visto, pareciendo que fue pensado para PlayStation 4 y destacando a nivel gráfico sobre muchísimos títulos actuales de renombre.

En BluePoint Games han sabido tomar toda la belleza del original, adaptando sus paisajes para conservar ese toque solitario y natural que poseía cada centímetro. Y además de mantener una tasa estable de FPS que en ningún momento la hemos notado caer en una PlayStation 4 convencional.

Aún sin necesitarlo, este remake es la oportunidad perfecta de acercar a aquel público que no pudo hacerse con el juego a una obra que ha sentado precedentes en toda la industria, tanto en mecánicas como en narrativa, influenciando a juegos tan reconocidos como al propio The Legend of Zelda: Breath of the Wild, que retoma esa experiencia de los largos viajes y el descubrimiento.

Si bien es cierto que podríamos tachar a este remake de demasiado conservador, trayendo algunos viejos problemas como la cámara, también hay pequeños añadidos que, además de los ya mencionados, embellecen el producto final. Por ejemplo, la sabia decisión de tener a nuestra disposición los tres modos de dificultad: fácil, normal y difícil, siendo este último desbloqueado después de completar la historia principal, mientras que ahora podremos optar por él desde el principio.

Otros, como el Modo Foto, no son más que una herramienta para sacar partido a la belleza de un juego que siempre destacó por una fotografía impresionante. Por ejemplo, todas las fotos de este análisis han sido usando esta herramienta para ilustrar mejor cada argumento, por supuesto, sin hacer uso de ningún filtro, por lo que todo lo que podéis ver es tal y como se muestra el juego.

El Modo Foto es una de esas herramientas que han nacido para ser aprovechadas en juego como Shadow of the Colossus, exprimiendo su belleza en cada momento.

Además, vuelven los modos Nuevo Juego +, donde conservaremos nuestra vitalidad y estamina, los combates contrarreloj para desbloquear nuevo equipamiento y el nuevo Mundo Espejo, que se desbloqueará después de finalizar la aventura. Este modo, como su nombre indica, volteará las localizaciones y desorientará por completo nuestros sentidos. Siendo sinceros, no es un gran añadido, y no pasa más allá de la simple curiosidad, pero es una buena forma de jugar para aquellos que ya conocen la obra al dedillo.

The Opened Way

Hay algo en lo que coinciden todos, incluso aquellos que no se sienten atraídos por Shadow of the Colossus, y es que su Banda Sonora tiene algo especial. Es una mezcla de tristeza, soledad, épica y celebración. Es la encargada de explicar todos los sucesos ante la ausencia de palabras.

Kō Ōtani es el encargado de dar forma a una de las titánicas obras musicales de la industria, y ahora BluePoint Games le ha sacado de la sombra para volver a trabajar en una de sus grandes obras.

En este vídeo el compositor desvela que el principal sentimiento de cada pieza musical es la tristeza, incluso The End of the Battle, pieza que suena cuando derrotamos a un coloso, sirve como celebración y requiem al mismo tiempo, porque algo en lo que Fumito Ueda hace hincapié constantemente es en que, realmente, Wander no es ningún héroe, y aunque en su egoísmo hay una causa justa, eso conlleva muertes.

Y quiero profundizar en el lenguaje que usa Shadow of the Colossus con su música porque nos encontramos ante un juego que apenas dispone de unas breves líneas de diálogo, por lo que todos sus argumentos se expresan mediante actos y piezas musicales. Por ejemplo, siempre que nos encontramos con un coloso suele reinar una música tensa y hasta suave, transmitiendo esa sensación de paz, de que nuestro enemigo no lo es realmente, si no que es una pieza más de ese ecosistema. Cuando conseguimos escalar por su cuerpo reina la épica, la hazaña, ensordeciendo todos nuestros sentidos hasta que cae, y entonces nos damos cuenta de que estamos matando algo vivo.

Sientes esa adrenalina mientras lo escalas, la euforia de alguien que no estaba preparado, y aún así, lo consigue con su propia determinación. La música está ligada a la obra maestra de Fumito Ueda y es parte de su ADN, a diferencia de Ico o The Last Guardian, que aunque poseen melodías emblemáticas, apuestan por otro tipo de narrativa.

Shadow of the Colossus no sería nada sin su música, y lo sabe, es por eso que cada pieza es emblemática, protagonista de la acción.

Conclusiones

Cuando una obra trasciende como Shadow of the Colossus, no hay más motivo que llamarlo “Obra de arte“, y aunque hemos abusado de él, creando cierto elitismo entre aquellos que amamos el original y menospreciamos a aquellos que no, solo es una prueba más de la grandeza del videojuego.

No, la obra maestra de Fumito Ueda no es para todo el mundo, y no porque aquellos que lo aman sean más sensibles o mejores, si no porque como toda experiencia levanta diferentes sentimientos en el jugador. Lo que sí está claro es que es una pieza atemporal, exenta de grandes guiones, pero repleta de increíbles actos. Shadow of the Colossus es puro videojuego, entiende perfectamente el medio interactivo en el que se desarrolla y prefiere mostrar a contar.

¿Un remake innecesario? Quizás sí, quizás no. Lo que está claro es que es la oportunidad perfecta de que los nuevos jugadores descubran la obra que influenció a toda una generación, y que a día de hoy sigue proyectando su colosal sombra sobre jugadores, desarrolladores y artistas.

Shadow of the Colossus

Puntuación Final - 10

10

Imprescindible

Una obra maestra adaptada a nuestros tiempos. Un juego que maneja de forma magistral el minimalismo, otorgando sensaciones maravillosas sin apenas unas líneas de diálogo.

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Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.

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