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¿Por qué me da tanto miedo el nuevo God of War?

God of War ha sido una saga que he amado desde su primera entrega; no me he tatuado la cara de Kratos en el pecho pero siempre que se ha anunciado una nueva entrega la he esperado con gran avidez. Mis amigos y yo (algunos se mantuvieron con los años, otros no) hacíamos maratones para pasarnos los juegos de la saga en la misma noche del lanzamiento y no salíamos de casa hasta que nos lo acabábamos. El primer God of War apareció en PS2 en 2005 y puedo recordar cada una de sus entregas asociadas a diferentes etapas de mi vida y a esas noches de diversión y jugabilidad frenética bebiendo Coca-Cola y pasándonos el mando. Son juegos que han permanecido en mi memoria, no por su mensaje, sino por lo impresionantes que fueron en su momento y lo divertidos de jugar que eran. La entrega anunciada para lanzarse en una fecha aún por determinar del presente año 2018 (si hacemos caso a las filtraciones sería en marzo) en PS4, al contrario que todas las aventuras de Kratos que la han precedido (sí, incluso God of War Ascension), no me causa el más mínimo hype. Al contrario, me causa rechazo.

Nadie duda que el nuevo God of War vaya a ser objetivamente hablando un gran videojuego, es imposible que no lo sea. Pero no creo que vaya a ser un gran God of War. Los motivos por los que digo esto ya se han discutido ampliamente: la nueva ambientación en la mitología nórdica, aunque atractiva, resulta desconcertante en cuanto al lore de la saga, por ejemplo; pero sin duda aquello que me genera más dudas es el combate nuevo que hemos podido ver brevemente en los traíleres más recientes del juego. No se parece a nada que hayamos visto anteriormente en la saga. En los otros God of War (incluídos los de PSP) se buscaba una cámara que nos permitiera ver no solo a Kratos, sino también gran parte del escenario que le rodeaba, puesto que muchas veces nos enfrentábamos a grandes grupos de enemigos o a monstruos gigantescos; eso sumado a la agilidad y la rapidez de Kratos hacián de esa cámara una gran elección.

La cámara que hemos podido ver en la entrega de PS4 presenta una cámara mucho más cercana al protagonista, que muchos han comparado con The Last of Us o Resident Evil 4. No se equivocan, pero tenemos que tener en cuenta que God of War es un juego basado en el combate cuerpo a cuerpo la mayor parte del tiempo, mientras que esos juegos tenían mecánicas de combate de shooter en tercera persona. Si a vosotros se os ocurre algún otro juego del que haya podido buscar inspiración para su combate estaré deseando escucharlo, pero los únicos ejemplos de un combate con una cámara tan cercana (For Honor no lo cuento porque es prácticamente un juego de lucha) para un sistema cuerpo a cuerpo son de juegos de Ninja Theory: Enslaved (una aventura muy divertida aparecida en PS3 y X360 en 2010), pero sobre todo del más reciente Hellblade: Senua’s Sacrifice. Si habéis jugado a alguno de los dos juegos quizás también os parezca que tienen mecánicas parecidas a las del nuevo God of War.

En ellos no te enfrentas a más de tres enemigos a la vez y los movimientos de los protagonistas no suelen ser muy rápidos, sino buscando una kinestética que transmita un mayor peso y tosquedad al personaje; busca que sientas la fuerza de cada golpe que das, el peso del arma que llevas en las manos y la energía necesaria para moverla, volviendo los combates algo más lentos y meditados; con mucha tensión. En los gameplays mostrados de God of War (tanto en el de la cueva en la PGW 17 como en el tráiler de aquí abajo) Kratos se enfrenta a grupos de hasta seis enemigos, pero éstos no le atacan apenas, parecen sufrir el síndrome de Assassin’s Creed de pedir turno para pegarse. Supongo que será para que Kratos se luzca en el tráiler, pero también volver a los enemigos menos violentos o activos puede ser una forma de compensar la cercanía de la cámara, y eso me llena de dudas.

Aunque no hayamos podido jugar con el nuevo God of War aún, viendo el gameplay parece que Kratos también se mueve más lento y eso es algo totalmente contrario a las sensaciones de los anteriores God of War, en los cuales podías encadenar combos locos de decenas de golpes (incluso aéreos) más al estilo de un Devil May Cry, y los grupos de casi diez enemigos eran frecuentes (además de mezclar enemigos de tamaños muy diferentes): la clave estaba en hacerte sentir lo más abrumadoramente poderoso posible, que tuvieras las herramientas y la capacidad para destruir a tus enemigos. Jugar a los anteriores God of War se trataba de hacerte sentir que no importaba lo grande que fuera el enemigo o el tamaño de la escuadra que te bloqueara el camino; desde el primer juego sabes que ellos están encerrados ahí contigo, y no al revés. Los que están en peligro son ellos porque eres el calvo más poderoso de toda la maldita historia (hasta que llegaron Saitama y Vin Diesel, pero eso es otro tema). Y esa sensación de poder engorilante que me hacía amar los anteriores God of War y pasar horas frenéticas con mis amigos es lo que temo que perdamos con esta perspectiva.

¿Habéis jugado a Hellblade? Porque yo en los combates de Hellblade siento miedo y tensión al combatir. No me hacen sentirme poderoso, sino que estoy sobreviviendo a duras penas. En un podcast reciente los creadores de este nuevo God of War dijeron que Kratos lucharía en esta entrega con su habitual estilo cuerpo a cuerpo (aunque cambiando las espadas del caos por un hacha que podemos lanzar; también se le ha visto utilizar un escudo) pero conteniendo su rabia para liberarla en el modo Ira, donde luchará con la furia y la brutalidad de antaño. También son conscientes de que esta cámara te hace más difícil ver a los enemigos a tu espalda; Hellblade resuelve este problema de una forma magistral haciendo que te avisen las voces de tu cabeza, pero aquí ese papel lo ejercerá seguramente el hijo de Kratos (al que también se le ha visto dar apoyo con ataques mágicos). Haciendo recuento vemos que Hellblade ha podido ser una gran referencia y una forma de prepararnos para lo que quizás acabemos viendo en este God of War: la cámara, el sistema de combate más tosco, una forma externa de avisarnos de la situación de los enemigos en el escenario y el uso que hacen ambos títulos de la mitología nórdica.

Los combates en Hellblade intimidan mucho, pero en God of War busco la sensación contraria.

Ojo, adoro Hellblade y su combate al igual que adoro The Last of Us, pero sus mecánicas tienen una relación directa con la historia más profunda que quieren contar, con el realismo que quieren transmitir. Jugaré a este God of War y me gustará, pero ver esta transformación del sistema de combate, la necesidad de dar a Kratos un cambio de personalidad absoluto y las declaraciones acerca de su duración (25-35 horas según sus responsables) me hacen pensar que si quiero revivir aquellas sensaciones, tendré que pasarme por quinta vez God of War 3. Incluso estaría más entusiasmado con la historia acerca de la paternidad de Kratos si el combate solo hubiera evolucionado desde las anteriores entregas ; es un enfoque que me parece interesante, pero no merece la pena sacrificar por él las señas de identidad de una saga mítica. La industria tiene que avanzar, pero no sé si la forma es coger a un personaje que todo el mundo conoce y sabe quién es y transformarlo en alguien totalmente diferente que te encaja con el tipo de historia que tú quieres contar. Para mí tendría que ser al revés, crear la historia que necesita el personaje, pero respetando quién es.

Ojalá que pueda llegar a tragarme todo este pesimismo y nos den un gran videojuego. Ojalá este God of War pueda volver a jugarlo con los amigos en casa toda la noche. Y ojalá Sony nos de una fecha de lanzamiento definitiva pronto. ¿A vosotros qué os parece lo visto hasta ahora? Estaré deseando debatir con vosotros acerca de este nuevo God of War.

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Alejandro Morillas Tellez

Fisioterapeuta/osteópata de día, hipnoterapeuta cuando es necesario y apasionado jugador de videojuegos por la noche. Los primeros juegos que relaciono como favoritos son Catherine, Vanquish, Overwatch y Kingdom Hearts. Pero siempre estoy disponible para un Tekken, un Vermintide o una maratón de Metal Gear.

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