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Final Fantasy XV y la camaradería

Parece mentira que hayan pasado casi ocho meses desde que se lanzó Final Fantasy XV, ¿verdad? Hasta hace poco pedíamos como locos su lanzamiento, soportábamos sus continuos retrasos y la falta de información, y un día llegó a nuestras manos después de tanto tiempo. Gustó a algunos, a otros les decepcionó, y a muchos les dejó indiferentes el cambio que supuso en la saga, era de esperar, sus interminables años de desarrollo y cambios tendrían consecuencias.

Cuando lo jugué, lo disfruté, me gustó, aunque hubo partes que sufrí con cierto sopor, decisiones que no me gustaron y las costuras del Frankenstein de Tabata y Nomura que había salido al mercado como buenamente pudo. Y sé que ahora, casi ocho meses después, no hay mucho más que decir sobre Final Fantasy XV, pero con el paso de los meses, cuando miro atrás, recuerdo con un inmeso cariño las aventuras de Noctis, Ignis, Prompto y Gladio. Es uno de estos viajes en el que no todo sale bien, pero que junto a tus amigos consigues salir adelante, y años más tarde cuando os reunís y habláis, lo hacéis entre carcajadas, suspiros de nostalgia y una sonrisa en la cara. Eso es Final Fantasy XV.

Noctis, Gladio, Ignis y Prompto son un ejemplo de amistad y camaradería, verles es prueba suficiente de su amistad.

La camaradería, o la amistad, no suele ser el eje de una historia. Sí, es un tema que se toca comúnmente, pero no suele ser la piedra angular de muchos títulos. Undertale, por ejemplo, la toma como el núcleo de su historia, pero con un tono más desenfadado y cómico, pero Final Fantasy XV la lleva por otro camino. Aquí no conoceremos a nuestros amigos durante el viaje, ellos ya forman parte de él desde el minuto uno, en aquella mítica secuencia en la que empujan el coche entre quejas, burlas y cansancio.

Final Fantasy XV no es la lucha de Noctis por su trono, es la historia de un grupo de amigos que se ven envueltos en una serie de sucesos a los que no pueden dar la espalda. Es un viaje de cuatro colegas que cogen su coche y salen a ver un mundo que se les había privado en los muros de Insomnia.

Lo que más aprecio del grupo de Noctis, Ignis, Gladio y Prompto es su naturalidad, esos pequeños detalles que saltan a la vista y te hacen sentir que son como hermanos. Las ayudas durante el combate, sus burlas, sus piques, incluso cuando ejecutan golpes conjuntos y lo celebran, te olvidas de que hay un guión. Por poneros un ejemplo, Tifa y Cloud, los cuales se conocen desde su infancia, tienen una relación bastante fría… Cada diálogo es dramático, antinatural, siempre tan trascendental que sientes que no hay una gran conexión entre ellos. Sin embargo, el grupo de Final Fantasy XV tiene un carácter más realista, con conversaciones que no siempre llevan a algo, chorradas… ¿Acaso siempre hablamos de cosas importantes con nuestros amigos?

Como en la vida real, no todas las conversaciones con nuestros amigos tienen interés, pero todas y cada una de ellas definen nuestra amistad

Y son estos pequeños detalles los que nos hacen sentir uno más del grupo. Cómo juegan con sus móviles durante las acampadas, o cómo bromean o engullen la comida de Ignis. Cómo durante esa noche elegimos las mejores fotos de Prompto para recordar ese viaje -y lo mucho que duele tener que borrar fotos porque el carrete está al completo- cómo Ignis descubre un nuevo plato y todos desean probarlo, o Gladio despertándonos algunas mañanas para realizar entrenamientos. Puede parecer una tontería, pero son los pequeños momentos, esos que parecen no tener importancia, los que más perduran.

Consiguen que el jugador se implique, que se preocupe cuando uno de los personajes está ausente, que cuando el grupo permanece en tensión por un conflicto, nos sintamos incómodos con sus silencios, sus miradas evasivas o respuestas cortantes. Te duele porque sientes que son amigos, te pones en el lugar de ellos. Esto no lo consigue su guión -sea mejor o peor- lo consigue la interacción de los personajes durante horas, porque se hacen creíbles.

Durante su lanzamiento muchos apuntaron con el dedo al grupo por su poca diversidad, su dirección artística, incluso de poseer ciertos clichés de marca nipona, y aunque no se libran de estos fallos, al final te acabas olvidando. Todo queda en un segundo plano porque, Final Fantasy XV, con sus más y sus menos, ha creado un grupo de personajes entrañables. Desde el silencioso e irónico Noctis, pasando por el directo Gladio, el sereno Ignis o el inocentón y payaso Prompto.

Final Fantasy XV es la historia de cómo madura el grupo de amigos hasta hacer frente a sus destinos, por doloroso que sea.

Pero Final Fantasy XV en algún momento tiene que madurar, dejar de lado las risas, las acampadas y la cháchara. Y lo hace, quizás no de la mejor forma, adoleciendo del duro trabajo por sacarlo a la luz y con lagunas en su guión, pero el grupo se mantiene intacto. Esta no es la historia de cómo Noctis recupera su trono, es la de cómo un grupo de amigos crece hasta afrontar su destino, el que les eligió el mismo día que se montaron en el Regalia y salieron de Insomnia, donde la rueda se puso en marcha, y al final, después de una larga ausencia por parte de Noctis, toca hacer frente a la realidad.

Somnus de Yoko Shimomura, y la imponente ciudad frente a nuestros ojos. Han pasado los años desde que salieron de allí, de las risas, las largas acampadas, los viajes en coche. Ya no son críos, pero siguen siendo aquellos chavales que se criaron juntos, que lucharon codo con codo, y ahora, toca hacerlo una última vez.

No entraré en spoilers, pero considero la última parte de Final Fantasy XV magistral. No por su jugabilidad, ni por su épica -que ya os digo que derrocha- si no porque es un tornado de sensaciones para el jugador. Sabemos que esto se acaba, que toca madurar y hacer frente al destino de Noctis, cueste lo que cueste. Y presenciamos una de las escenas más tiernas, sentimentales y melancólicas que he visto en mucho tiempo.

Esa última acampada, ese silencio incómodo, las miradas nerviosas mientras toman la última cena antes de hacer frente al villano, y cómo a pesar de todas las conversaciones sin importancia que hemos vivido, se dicen al final lo importantes que son los unos para los otros. Porque la última escena de Final Fantasy XV no es de amor, la relación de Lunafreya y Noctis no es lo importante, la última escena es la de unos amigos bajo un cielo estrellado, mirando atrás y recordando con cariño una aventura que tuvo sus altibajos, sus cosas malas y buenas, pero al final uno se acaba olvidando y se queda con lo importante: Siempre estuvieron juntos.
Quizás Final Fantasy XV no sea el juego que esperábamos, quizás para alguno cumplió, para otros no, pero la camaradería y la amistad se respira en cada foto, cada batalla, y cada diálogo, haciendo que Noctis, Ignis, Prompto y Gladio tengan un huequito en mi corazón de jugador.

Nunca claudiquéis, amigos míos.

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Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.

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