ArtículosPCPS3PS4Xbox One

Dark Souls: Más allá de su dificultad

Dark Souls se acaba. Nadie sabe si esto será un adiós, un hasta pronto, o qué diablos pasará, pero La Ciudad Anillada ha puesto punto y final a la trilogía que ha arrasado en los últimos tiempos.

Muchos amigos me preguntan qué le veo a Dark Souls, qué tiene para que se haya convertido en una de mis sagas favoritas, y entiendo sus dudas surgidas por su fama. Todos conocemos la saga por ser difícil, se ha convertido para muchos en un sinónimo de «true gamer» para realzar su ego, intentando así diferenciarse de otros jugadores. Absurdo, si me preguntáis, porque reducir la experiencia de la saga a su dificultad es perder lo más importante: su mundo.

El mundo de Dark Souls está lleno de mitología, pequeñas historias personales y un viaje de superación constante.

Cuando jugué por primera vez a la saga no la enfoqué de la forma adecuada, de hecho, no pasé del tutorial porque no sentí nada especial en él, me pareció un juego que inflaba su dificultad y punto. Tiempo después, cuando le di una nueva oportunidad es cuando comencé a sentir la verdadera esencia de la saga.

Es algo que conocemos los que ahondamos en él, los que dedicamos horas a buscar los fragmentos de historia y nos interesamos por sus personaje secundarios, que son pocos pero valiosos. Dark Souls es un juego sobre la superación, la empresa personal de alguien desesperado que lucha con todas sus fuerzas para conseguir dar un sentido a su vida.

Lordran, Drangleic o Lothric, todos son reinos desolados sin una pizca de cordura, donde apenas quedan las ascuas de una civilización. El silencio y la soledad son nuestra compañía a cada paso, amenazado siempre por la presencia de las bestias que se interponen en nuestro camino, y en toda esa locura, están ellos.

Cada NPC tiene su propia historia que debemos buscar por nosotros mismos. Algunas con terribles consecuencias.

Dark Souls maneja magistralmente los momentos de sus secundarios, sin obligarnos a través de una cinemática a sentir lástima, admiración u odio por ellos, lo hace en pleno juego, dejándonos a nosotros mismos estrechar los lazos y preocuparnos por el elenco de NPC. Muchos de ellos acaban muriendo en pleno silencio, sin alardes, sin dramatizaciones, y eso solo hace que su pérdida sea más dolorosa.

Un ejemplo de ello es la muerte de Siegmeyer en el primer Dark Souls, el bonachón del caballero cebolla al que debemos salvar la vida una y otra vez, ganando tal confianza gracias a nosotros que se lanzará contra nuestros enemigos para darnos una oportunidad de huir. Si luchamos junto a él y sobrevive, más adelante encontramos su cuerpo desplomado y a su hija frente a él. Siegmeyer sucumbió finalmente a la maldición de los huecos, y su propia hija le dio muerte para que descansase en paz.

Y no solo los secundarios gozan de un auténtico carisma, sino sus jefes, siendo algunas de las peleas más tristes que he jugado. Cuando avanzas por el bosque, encontrándote la tumba de Sir Artorias, el caminante del abismo, con el cadáver de Ciaran velándola hasta morir, y sobre ella el Gran Lobo Gris Sif, guardián de la tumba de su amo, blandiendo la espada de que un día fue la única persona que le importaba.

Sus jefes son, por lo general, memorables y con un transfondo denso. Como nuestro protagonista, solo son seres que están al borde de la desolación.

La sensación de desesperación es constante, incluso en más de una ocasión nos preguntaremos si nuestros actos cambiarán algo. Miramos alrededor y solo vemos muerte, ni un atisbo de esperanza, ni siquiera se nos considera un héroe o un salvador, somo uno de tantos que buscan enlazar la llama, de hecho, ¿es enlazar la llama la respuesta a todo?, todos son preguntas en un mundo en el que cada respuesta es más ambigua que la anterior. Todo a nuestro alrededor parece destinado a morir, pero seguimos porque es lo que debemos hacer.

Porque Dark Souls es superarte ante la adversidad, seguir adelante a pesar de que los personajes te digan que estás loco y no lo conseguirás, y mueres y vuelves, aprendes y vences. Así funciona todo, enseñándote a través de la muerte, no porque sea difícil, si no porque te exige dar el máximo de ti.

Es como ese aviso de Darkest Dungeon al iniciar el juego, donde te explica que el juego pide lo máximo de ti para avanzar, simplemente que aquí el único aviso es su mecánica, es el motor del juego, y por eso casi ningún «souls-like» logra ponerse a su altura, porque no se trata de matar al jugador, se trata de lo que aprende el jugador al morir.

Es el alma del juego, el trasfondo y motivo por el que avanzas. Porque sabes que la próxima vez lo harás mejor, como aquella frase de Alfred en el Caballero oscuro.

¿Por qué nos caemos?, para aprender a levantarnos.

Por eso, a pesar de que el mundo está en ruinas, avanzamos y atravesamos el muro de niebla una y otra vez, porque a la próxima todo será diferente. Caes una vez, te levantas, caes otra, aprendes, y a la tercera vences. Y esa victoria sabe como ninguna otra, a pesar de los momentos de rabia cuando perdemos nuestras almas, de volver a recorrer el camino, todo eso queda en un segundo plano cuando aparece el mensaje de victoria.

La muerte es esencial para no repetir errores. Se nos exige mucho, pero se nos recompensa con cada victoria.

Quizás seamos masoquistas todos los que amamos Dark Souls, pero ese mundo triste y decadente tiene algo que te acaba atrapando. Esa soledad amenazante y sensación de pequeñez frente a los mastodónticos jefazos, su historia fragmentada y ambigua, o pagar los errores por no prestar atención.

Cuando algo gusta a tal cantidad de gente, algo debe de tener, y uno no lo sabe hasta que profundiza lo suficiente para descubrir todas las bondades de una saga que ha cautivado a aquellos que buscan un reto, como a los que buscamos un mundo inigualable que nos cuente algo.

En lo personal, ha sido una experiencia que no olvidaré. Las incontables horas sufriendo, mejorando y aprendiendo para vencer al jefazo de turno (Os odio, Cuatro Reyes), las historias que he vivido junto a Solaire, Siegward, Patches o Irina, y las interminables charlas con mis amigos para encajar los trozos de Lore que íbamos descubriendo, dando lugar a largos debates sobre qué podía significar aquella descripción o las palabras de cierta serpiente.

Quizás para ti solo sea un juego difícil, una prueba para tu orgullo de jugador, y me alegro, porque es una saga con muchos matices y es innegable que la dificultad es algo que atrae al público, pero si buscas algo más, vive el mundo de Dark Souls, habla con sus NPC, estrecha lazos y vive tu propia aventura, porque Dark Souls es algo más que su dificultad, son todas esas historias que envuelven su mundo y lo moldean para dar lugar a esa encantadora decadencia.

Personajes como Solaire han encandilado al público por su carisma y su viaje, dando lugar a uno de los momentos más duros de la saga si no le salvamos en determinado punto del juego.

La llama de Dark Souls se apaga con esta última entrega, y no sabemos si habrá de nuevo una oportunidad para enlazarla, pero a pesar de ello siempre quedarán sus ascuas en la memoria de aquellos que nos enamoramos de su mundo. Porque Dark Souls es algo más que su dificultad, es un viaje de superación del jugador haciendo posible lo imposible.

Adiós, ser de ceniza, que las llamas guíen tu camino.

Etiquetas

Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.

Actualidad

Botón volver arriba
Cerrar
X