AnálisisPS4

Divide – Análisis PS4

Somos David, padre de familia y viudo que, un buen día, es contactado por el compañero de trabajo de su mujer para darle un maletín que le perteneció a ella. En casa, David lo abre y encuentra unas lentillas mágicas que le permiten ver toda una serie de interconexiones y nódulos que estaban ocultos a las personas que no llevan estas lentillas. Sin embargo, algo va mal y David se ve transportado a otro lugar donde conoce a Eris, que le acompañará en su aventura. Separado de su hija, debe encontrar el modo de volver a casa. Así empieza Divide, el debut de Exploding Tuba Studios en esto de crear videojuegos.

Aventuras isométricas

El juego adopta una perspectiva isométrica que nos puede hacer pensar de primeras que es un juego de rol (como pueda ser Diablo o Baldur’s Gate). Sin embargo, basta echarle un ojo a los primeros compases del juego para ver que, lejos de ser un juego de rol al uso, es un juego de aventuras y acción en tiempo real. El control del juego es excesivamente complicado: con el stick izquierdo movemos al personaje y con el derecho miramos alrededor con las lentillas, lo que nos revela los objetos interactuables y, en ocasiones, el camino a seguir. Con L2 alzamos el arma y con R2 disparamos e interactuamos con el mundo. Por último, con L1 corremos. Pese a que se utilicen relativamente pocos botones, el control es tosco y poco preciso, haciendo que disparar a los enemigos sea un calvario y al final salga más rentable huir o hackearlos (luego hablo de esto). Su sistema de juego consiste en atravesar una serie de instancias más o menos interconectadas entre sí. Para ello tendremos que abrirnos paso a través de la seguridad del lugar.
Hacer camino es, en principio, sencillo: cada lugar tiene una sala central de servidores a la que tenemos que llegar para que Eris se conecte a ellos y nos “abra” el resto de terminales. Una vez hecho esto, tendremos que recorrer de nuevo la zona pirateando los terminales para obtener información sobre lo que se cuece y contraseñas para las distintas puertas que encontramos. El hackeo se realiza mediante unos “puntos de hackeo” que obtenemos al hackear terminales o al acceder a unos nodos que están dispersos por la zona. Dichos puntos pueden usarse también para hackear a los enemigos y hacer que luchen entre sí para nosotros o directamente exploten. El problema es que las instancias que tenemos que atravesar son muy monótonas y el diseño de niveles es excesivamente complejo, sin ningún punto de referencia que pueda servir para dar una indicación clara de dónde nos encontramos. Tenemos a nuestra disposición un mapa, pero para acceder a él hay que pausar la partida y además, no es un mapa detallado del lugar, sino que nos muestran a grandes rasgos la composición del sitio donde nos encontremos. Así, la navegación de los niveles es tortuosa y monótona y no ayuda nada el tener que recorrerlos al menos dos veces (una vez para encontrar el servidor central y otra para toquetear los ordenadores). Si nos perdemos o atascamos, más que buscar por una referencia para orientarnos, tendremos que vagar aleatoriamente por el sitio a ver si “pasa algo” que nos permita continuar.

Apartado artístico irregular

Técnica y artísticamente el juego no es que destaque mucho. A pesar de ser un juego indie, los modelados de personajes son muy simplones y sus animaciones acartonadas. Además, si en una zona combatimos con muchos enemigos la tasa de imágenes por segundo cae en picado, con los consiguientes tirones que eso conlleva. La ambientación no es que esté muy lograda tampoco, aunque en ocasiones (contadas) nos ofrezca estampas bellas, pero recorrer una y otra vez los mismos pasillos se hace cansado y tedioso. Además, la aventura tiene bugs gravísimos que afean el conjunto. Dos me sorprendieron: directamente no pude jugar al juego hasta la versión 1.08 porque el NPC que nos acompaña al principio de la aventura no se mueve y era necesario llevarlo a cierto punto para que la trama avanzase, y en otro lugar un terminal al que tenía que acceder directamente ni aparecía a no ser que saliese de la zona y volviese a entrar.

Divide es la ópera prima de un estudio indie, pero eso no la exculpa de los errores que tiene y que ya hemos comentado. No es un juego que recomiende ni a precio reducido, pero espero que les sirva a Exploding Tuba Studios para pulir sus errores y ofrecer productos más sólidos en un futuro.

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