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El poder de una buena Banda Sonora

Desde mi más tierna infancia he sentido una devoción por la música, incluso diría que mi devoción va más allá que la del mundo de los videojuegos. Esto, por supuesto, no es incompatible, y es que nuestro medio, el hobby que amamos, abrazó desde hace tiempo la música y la invitó a formar parte de su mundo, dejándonos por el camino piezas musicales que me atrevo a considerar verdaderas obras de arte.

Y es que, cuando sacamos pecho y gritamos a los cuatro vientos que el videojuego es arte, a menudo hablamos de cómo emocionan sus mecánicas, o la belleza de sus gráficos, pero nos olvidamos que todo eso queda acentuado con el trabajo de músicos que ensalzan cada escena, cada batalla y diálogo con su arte. Porque el trabajo de un músico no es el de acompañar la escena con una simple melodía, es que esa obra musical quede grabada a fuego en el corazón del jugador, llevarle a ese mismo momento aunque no esté jugando.

En cierta ocasión, cuando me encontraba rejugando Final Fantasy VII, mi madre se quedó mirándome pensativa mientras yo jugaba en mi Playstation Vita. Ella, que nunca ha formado parte de este hobby, pero que ha tenido que soportar mi dedicación a él, me preguntó «¿Eso es Final Fantasy?«, y es que mi madre, durante mi infancia, vivió de primera mano aquel vicio insalubre que significó Final Fantasy VII en mi vida. Ahí estaba, el síntoma de una BSO excelente, reviviendo ya no la experiencia del jugador, si no de personas que poco tienen que ver con el medio.

Bien es cierto que, en los últimos tiempos se ha perdido fuerza en este aspecto, se le ha menospreciado y reducido a simplemente ofrecer compañía a la escena. Sin resaltar, sin dejarla brillar, temiendo que se hiciese con el protagonismo. Hemos apostado por el espectáculo visual y dejado que las piezas que le acompañan se pierdan en el olvido, arrebatándoles su personalidad… Pero cuando estas brillan, se hacen memorables.

Shadow of the Colossus es mi juego favorito por muchos motivos, pero hoy me centraré en su música. Esta obra, The Opened Way, guarda un significado dentro del juego, está ahí por algo. El motivo de esta épica canción es que hemos conseguido doblegar al coloso, hemos pasado de ser su presa a convertirnos en el cazador, realza la hazaña de escalarle, el esfuerzo del protagonista por llevar a cabo una tarea imposible. Es un rayo de esperanza para Wander, porque ahora puede hacerle frente, y cada vez que la escucho me evoca a ese mismo momento, a aquel en el que me planté frente a un coloso con una pequeña espada y un arco inútil, pero sobretodo, con la determinación de llevar a cabo mi misión para despertar a Mono.

En este caso, Kō Ōtani no solo tenía que crear una BSO memorable, tenía que decir con ella todo lo que los personajes callaban, y un ejemplo perfecto es To the Ancient Land.

Esta pieza es la protagonista de la introducción del juego, una de mis favoritas, porque describe a la perfección la sensación de Wander: un viaje a unas tierras desconocidas y misteriosas, rodeadas de malos presagios, un lugar maldito al que alguien solo acudiría por desesperación. En la introducción no hay palabras hasta llegar al santuario donde Dormin y Wander cruzarán algunas palabras, explicando vagamente el motivo del viaje del vagabundo, y es porque la música es la encargada de describir el resto.

Otro ejemplo es esta batalla. Algo mítico, una sin precedentes: Old Snake encarando a Liquid Ocelot. En ella nos enfrentaremos a un Ocelot que evolucionará a sus versiones vistas en otros juegos, lo que cambiará sus movimientos, sus frases… Y la música. El mayor recurso de esta pelea es que la melodía de entregas anteriores cambiará junto con la versión de Ocelot, es su principal arma contra el jugador, transportándole a través de la saga y sus enfrentamientos con Revolver Ocelot. La última melodía que suena es la de Old Snake, esta que os dejo aquí abajo. Justo esa parte.

Una melodía lenta, melancólica. Supone el fin, los últimos esfuerzos de un Snake que ya no es lo que era, que apenas se aguanta en pie, pero que lucha por acabar con su enemigo, con su hermano. Sin estas melodías, esta batalla no tendría ningún significado, solo sería una batalla más, pero todas ellas crean la sensación de que todo está acabando. Esa será la última batalla de Solid Snake, ahora Old Snake.

Porque la música es un lenguaje más, una forma narrativa que tiene el autor de expresar lo que sucede en una escena con una total ausencia de diálogos. Pero más allá de algo que es totalmente obvio, es que las piezas son de un gusto exquisito. De lo divertido a lo hermoso, según lo requiera el juego.

Esta pieza en concreto es de Everybody’s Gone to the Rapture, no está incluida en el juego, no sé por qué alguien no la incluiría, pero aún así ha sido la gran responsable de que comenzase este artículo y quería compartirla con vosotros.

Esta es una de las canciones que le pondría a una de esas personas que, aún a día de hoy, siguen considerando el videojuego un entretenimiento para niños. Es una canción que transmite a la perfección ese sentimiento de soledad e incertidumbre que envuelve al juego. Belleza, y a la vez, desolación. Esta es una de esas canciones que te tocan la fibra sensible, que hay que escucharlas con el corazón, porque el excelente trabajo vocal de Jessica Curry no merece menos.

Cuando se habla de BSO, me gusta nombrar al grandioso Darren Korb, compositor de Bastion y principal culpable de que sienta devoción por el mencionado juego. Una obra que no me llamó la atención hasta que lo instalé y me quedé embobado escuchando la canción de los títulos, otro ejemplo al que suelo recurrir, pero en este caso quiero comentar una de sus mejores canciones, y esto es difícil, porque la BSO de Bastion está a un nivel superior. Se trata de Mother, I’m here.

Esta canción protagoniza el mejor momento de toda la obra, un punto de inflexión en la historia. En dicha escena, el niño, protagonista de Bastion, carga con Zulf, un antiguo aliado que no pudo soportar la verdad del cataclismo y sucumbió al odio, un integrante de los Ura, etnia que está en conflicto con los caelodianos. Después de hacernos la vida imposible y terminar apaleado por su propio clan, lo cargamos sobre nuestros hombros y nos alejamos del territorio Ura, rodeado por la tribu que nos atacará en los primeros compases. El niño, desarmado, se mantiene en pie como puede, recibiendo los ataques mientras avanza, cargando al que una vez fue un gran amigo. Es entonces cuando el líder da la orden de parar, observándoles como si ellos pudiesen ser el último rayo de luz para una guerra interminable. Un brote de esperanza en un mundo destrozado que pende de un hilo para acabar. Si esta escena no contase con este fantástico Mother, I’m Here, probablemente se hubiese venido abajo, sería una escena más de tantas.

Y es que ese es el poder de una buena Banda Sonora, el de realzar sentimientos y hacerlos perdurar en el corazón de los jugadores. Una BSO es más que una herramienta, es una necesidad, porque la capacidad que tiene la música para transportarnos al momento exacto donde la escuchamos por primera vez no la tiene nadie más.

Quiero acabar el artículo con una cita de Victor Hugo, acompañada de una canción que resume perfectamente lo que quiere decir.

La música expresa lo que no puede ser dicho y aquello sobre lo que es imposible permanecer en silencio

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Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.

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