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La importancia de la historia en un videojuego

La historia en un videojuego es como la historia en una película porno. Se supone que debe estar ahí, pero no es realmente importante.

Esta cita es de John Carmack, uno de los progenitores de Doom, que irónicamente ha visto cómo su retoño incluyó una historia en su última entrega. Quizás esta no destaque por su profundidad, pero demuestra que el jugador necesita un hilo argumental, que quiere saber por qué hace lo que hace, sus consecuencias y resultados.

Y es que, con el tiempo, ha cambiado la forma de ver los videojuegos. Por supuesto que los juegos más arcades, enfocados a la diversión sin ningún tipo de historia, siguen siendo una opción loable; siempre formarán parte de la diversidad que existe en este mundillo, pero a día de hoy, necesitamos historias.

Esto tiene que ver con el envejecimiento de nuestro hobby, que nació sin pretensiones, simplemente con la idea de divertir y matar algo de tiempo. Una actividad para los más pequeños o con la que pasar un momento en familia. Pero a medida que pasan los años han querido contarnos algo, no se han conformado solo con divertirnos, quieren emocionarnos y que nos replanteemos algunas cosas.

Ya no se conforma con ser un simple entretenimiento, quiere ponerse a la altura de otras artes como la literatura o el cine. Tiene un mensaje que mandarnos y puede hacerlo de la mejor forma posible, porque cuando tomamos los mandos no somos un mero espectador que presencia una historia, algo lejano y que solo nos hace partícipes a través de un texto o una imagen, aquí tenemos nosotros el control. Pensar como John Carmack nos estanca, nos limita a dar un mínimo del potencial que este sector puede dar.

El propio jugador busca desesperadamente una historia, y un ejemplo de ello es juegos como Dark Souls, donde la narrativa está tan poco presente que somos los propios jugadores quienes unimos cabos. Podemos quedarnos con la idea primitiva del juego: jugar y disfrutar; pero no, nos esforzamos en entender qué ocurre a nuestro alrededor, en confraternizar con los NPC o, simplemente, conocer a ese jefazo con el que tenemos que luchar.

Además, como ya dije antes, el videojuego tiene la herramienta de la interactividad, la conexión con el jugador, lo que da una total libertad de cómo explorar una historia. No tenemos límites, podemos optar por métodos como David Cage o Telltale Games e incluir escenas interactivas, cutscenes, pequeños textos como suelen hacer en la saga Bioshock o incluso en el último DOOM, como también a través de las mecánicas y el entorno, marca de la casa de From Software y Fumito Ueda. Tenemos un amplio abanico de posibilidades para profundizar en ella, para plasmar que somos una pieza de algo más grande.

Y, de nuevo, insisto, no todos los juegos tienen una historia, no es un vestido que a todos les siente bien. A veces, incluso parecen puestas ahí sin ningún tipo de criterio, como si tuviesen que tenerla para engrandecerlos. Podemos disfrutar de los juegos más básicos, incluso pueden superar a aquellos que tienen un telón de fondo, este texto no intenta desmontar lo contrario. Lo que pretendo decir aquí es que una historia nunca carece de importancia.

Y esto se debe a que no envejecen. Las mecánicas se oxidan, el tiempo las maltrata, lo que antes nos parecía un ejemplo de control, se convierte en algo tosco y poco intuitivo. Pero la historia permanece, se queda en el recuerdo y te arranca una sonrisa cuando la comentas con tus amigos. No pasa el tiempo por ella y, a veces, es la única razón por la que retomamos juegos que, a día de hoy, nos resultan incómodos de jugar.

Paraos por un momento a pensar qué sería de The Witcher 3 sin su historia, sin esos pequeños fragmentos compuestos por las misiones secundarias que enriquecen el mundo. Sí, sería un juego divertido con mucho que hacer, pero le faltaría algo, esa magia que nos cautivó en la senda de Geralt de Rivia. Esa historia que se moldeaba con cada decisión que tomábamos.

Sí, como ya está quedando claro, soy un enamorado de las historias. Crecí sumergiéndome en ellas cada día más y más, era una de esas facetas de los juegos que me enamoran. Llenas de matices, incluso algunos me eran totalmente ocultos hasta que crecí y pude entender con más profundidad lo que se me contaba. A día de hoy las guardo en mi memoria y, cuando hablo de ellas se me pasan las horas volando. Sobretodo aquellas que abren debates, que tienen tantos sentidos y que generan tantas opiniones diferentes, que todas sirven para complementarla.

Lo que más me gusta de ellas es que no discriminan a nadie. Una mecánica puede ser más o menos difícil de manejar, pero una historia no pone barreras, está ahí para que todos la disfrutemos. Es por ello que a menudo recurrimos a gameplays de juegos que no pretendemos jugar, pero que nos interesa su narrativa.

Esto no significa que la historia sea la protagonista, porque un juego debe jugarse bien, pero pueden ir de la mano y darse el protagonismo justo, el cual decidiremos nosotros si es desmesurado o no cuando lo juguemos.

En este texto dije algo que me ha dado mucho que pensar, y es que muchos juegos se esfuerzan por meter una historia a calzador para engrandecerse. ¿Acaso no es esto prueba suficiente de que dejó de ser algo secundario para convertirse en una prioridad? No entro a juzgar si mejor o peor, esto lo decidiremos cada uno, pero cuando una comunidad entera se lleva las manos a la cabeza porque juegos como Overwatch no tengan una campaña, y no solo el ojito derecho de Blizzard, si no una gran cantidad de juegos que tienen un claro enfoque a la diversión multijugador… ¿No es acaso motivo para pensar que somos los propios jugadores quienes buscamos un contexto que nos cuente algo?  ¿que ya no queremos disparar sin más, si no que queremos saber qué ha motivado todo eso?

En definitiva, lo único que puedo responder a la cita de John Carmack es que una historia siempre es importante. Porque la tecnología se queda atrás, las mecánicas cambian, pero las historias perduran para siempre.

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Enrique Gil

Amante de las buenas historias, de aquellas que te despiertan sentimientos que solo un buen videojuego consigue. Un eterno fan de juegos como Dark Souls, la saga The Witcher y de los juegos de TEAM ICO, en especial, Shadow Of The Colossus.

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