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La Nintendo que hace consolas en 2017

Navidades de 2006, el chiquillo ha pedido una consola porque su vecino, el hijo de la Mari Tere, tiene una y están todo el día jugando. En el centro comercial venden una portátil, la Nintendo DS, con el Pokémon y el Super Mario, franquicias más que conocidas por todo el mundo e ideales para un niño.

Navidades de 2016, el chiquillo tiene móvil y además le han regalado una Tablet. Para qué quiere más. Encima tiene el Pokémon Go y el Super Mario Run para dichas máquinas.

El paradigma ha cambiado, vaya. Ahora los chavales se conforman con el Call Of Duty y el FIFA y si están metidos en Youtube quieren un PC con el Counter Strike, Overwatch, Minecraft, League of Legends… o lo que esté de moda en ese momento. No hay nada especialmente malo en todo esto pero desde luego hay un elemento de la ecuación que ya no está: una consola de Nintendo.

Niño moderno de camino a su tienda de PCs

Evidentemente no todo anda tan mal como parece cuando la gran N ha anunciado una nueva consola, decisión que no se toma de un día para otro y que de alguna manera muestra que el titán japonés confía en dicho lanzamiento. El tema es que el mundo ha cambiado y Nintendo, aunque no lo parezca, no tanto.

Por fuera todo parece distinto: pantallas táctiles, sensores de movimiento, mandos tableta, híbridos entre portátil y sobremesa… pero al final importan los juegos y la ilusión que exista por ellos. Si ahora Mario y Pikachu se llevan en el móvil, ¿para qué gastarse tanto dinero en una consola? ¿No son más útiles un móvil o un ordenador? El gran público quiere al fontanero de la gorra roja y si es en el móvil en vez de en una consola que cuesta 330€ a lo que hay añadirle los juegos (entre 40-60€ de media), mucho mejor.

Mario en el iphone y otros futuros distópicos

La lógica que mueve la industria no es, en muchos casos, la de quien lleva en este de los videojuegos desde hace muchos años y siente verdadera pasión por ellos, de quien ama a Nintendo por su carisma, diseño de niveles, magia e imaginación. No. Es la lógica de la madre que no sabe qué comprarle a su hijo para reyes. Es la lógica del adolescente ajeno al mundillo que con una consola con la que jugar al FIFA con amigos y ver dos o tres películas ya tiene suficiente. Es la lógica del chaval enganchado a Youtube que quiere, como sus ídolos, un ordenador con el que jugar a lo que esté de moda. Es, en definitiva, una lógica cambiante y en constante metamorfosis que actualmente parece dificultarle a Nintendo un hueco de honor en el mercado.

Prácticamente nadie se compra una Wii U y si el Super Mario Run vale diez euros resulta que para muchos es un precio abusivo. Se ama al icono pero no lo suficiente como para invertir en él, es un amor a medio gas y discutiblemente falso. Se necesita dinero para evitar la catástrofe pero pocos están dispuestos a desenfundar la cartera. Los videojuegos han descubierto el capitalismo en todo su esplendor y quien se queda atrás muere.

Es innegable que el mercado infantil y juvenil ha sido siempre una enorme fuente de ingresos para Nintendo. Resulta difícil predecir qué tal saldrá Switch y si hará efecto muelle, impulsando a la compañía de Kimishima hacia una zona de mayor confort. Lo que está claro es que el mercado ha cambiado enormemente y parece que a la gran N no le queda otra que hacer lo mismo. Si tiene que ser en los móviles y tablets… que así sea. Ahí es donde están los chavales, esos que ahora no se compran una Nintendo 3DS porque ya tienen donde jugar con su Smartphone. Las aguas, que antes estaban relativamente calmadas, están empezando a removerse. Intento llegar a la raíz del asunto sin basarme en gráficas de ventas ni parecidos, analizando la hiperactiva filosofía de vida de una sociedad que se mueve a toda velocidad. Recuerdo a Sega y su final y aparece un miedo sutil en el que Nintendo está en el centro de la diana.

¿Será que ya no soy un chaval hablando sobre Pokémon en el patio del colegio con mis amigos? Ahora dichos colegas son adultos y la mayoría juegan en PC y como mucho se compran una PlayStation 4 para las franquicias anuales de siempre. Desde luego que ya no somos niños y nos han sustituido otras generaciones, la duda reside en si aquellos que nos sustituyen en la niñez sienten la misma ilusión que mis amigos y yo sentíamos por un nuevo Pokémon o un nuevo Mario. Nos ilusionábamos con Nintendogs, maldita sea, y con el Pictochat.

Pokemon Go ha terminado siendo una moda más

Nos conducía una lógica distinta a la que reina hoy en día, o al menos eso percibo. No quiero que esto suene a queja sin más, a veneno contra una sociedad que decide y actúa de manera muy cuestionable. Ahora están de moda otros juegos, otras plataformas y otras compañías, como es normal. Se trata de la situación de la Nintendo que hace consolas, de su delicada posición actual y de su pasado glorioso. Nadie se plantea si Sony o Microsoft dejarán esto de los videojuegos a corto o medio plazo cuando generan tales cantidades de dinero.

Al final se trata de que Mario tenga un sitio donde saltar y que nosotros disfrutemos con ello como siempre lo hemos hecho. Si tiene que ser en un iphone se tendrá que aceptar, aunque sea a regañadientes. Es eso o dejar que el fontanero descanse en paz, a menos que Switch consiga el milagro y Nintendo los recursos y fuerzas como para continuar.

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