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Beholder – Análisis PC

Versión analizada: PC.

La sola idea de pensar que nuestro país pueda llegar a ser controlado por un régimen totalitario es algo que, con justa razón, provoca temor. Esto es, desde luego, una preocupación real, no logro imaginarme bajo ni un concepto algo positivo si eso sucediera. Vivir en un lugar en donde la libertad y los derechos no existen más y en donde lo único importante es asegurarnos de sobrevivir y salir adelante con nuestra familia. Tratar de adaptarse y saber lidiar con lo que hay. Esto es un escenario que, creo, nadie quiere vivir ni de lejos. Sin embargo, gracias a las amplias posibilidades de los videojuegos podemos, de forma ficticia evidentemente, sentir lo que es estar bajo el yugo de un tirano dictador. El estudio independiente Warm Lamp Games ha creado Beholder con el objetivo de que nos hagamos una idea de todo por lo que puede pasar el empleado, más bien esclavo, de una dictadura y sus resultados son bastante interesantes.

Un esclavo del sistema

Beholder está ambientado en 1984 en una nación que es gobernada por un régimen totalitario en donde la libertad y los derechos humanos brillan por su ausencia. En él controlaremos a Carl Stein, un funcionario del gobierno que es promovido a ser una especie de casero, más bien vigilante, en un edificio de apartamentos. Junto con este «ascenso» nuestro protagonista recibirá a cambio una casa, en el mismo edificio que debe supervisar, para que él y su familia la habiten. Es un trabajo estresante ya que el bueno de Carl no puede dormir ni un segudo debido a que, básicamente, ha sido inyectado con una droga que elimina la necesidad de dormir. Esto puede sonar duro, imagino que debe serlo, pero lo más complejo de todo es que Carl debe actuar como chivato, por decirlo de alguna manera, del estado. Su trabajo básicamente es informar cualquier «violación al régimen». El juego no se anda con medias tintas ni nada de eso. Por ejemplo, si le informamos a nuestros superiores de alguna infracción, la polícia se lleva a quien la haya cometido y supongo que bien no le va a ir.

Buscando la mejor desición

El título es, practicamente, una aventura gráfica con toques de estrategia que usa el sistema point and click como herramienta para que podamos interactuar con el escenario. La mecánica central del juego es muy sencilla: tomar desiciones. Como casero del edificio deberemos, además de vigilar, relacionarnos con quienes ahí habitan y esto da como resultado que podamos crear un vínculo con algún vecino y a raíz de eso mismo no tengamos tan claro que hacer. Los infractores de las leyes, muy rídiculas por cierto, serán víctimas de, entre otras cosas, desalojo del lugar por parte del gobierno y será nuestro trabajo echarlos a la calle. Aquí surge el principal conflicto que Beholder tiene para ofrecer: hago mi trabajo y los echo o evito hacerlo sabiendo que puede tener consecuencias para mí. Las represalias que podamos sufrir no solo nos afectan a nosotros, pueden llegar a afectar a nuestra familia e incluso ellos pueden morir si no cumplimos con nuestro deber.

Para poder realizar nuestro trabajo nos veremos obligados a recolectar información sobre los inquilinos. Dicha labor la realizamos mediante la colocación de cámaras de vigilancia o escuchando através de la pared o viendo por la rendija de la puerta. Todo esto lo tenemos que hacer teniendo cuidado de que no nos vean mientras lo hacemos. Por otro lado, podremos hacerlo de una forma más directa y esto a menudo nos lleva a ser el mensajero o el chico de los recados. Tendremos que hacer determinadas tareas, ajenas al empleo, para poder acercarnos a los habitantes y así obtener más información sobre ellos. Podrá parecer que son cosas irrelevantes y por molestas que puedan ser, algunas lo son, pero tienen utilidad y es que hasta la más mínima decisión que tomemos puede alterar el curso de los acontecimientos. Todo cuenta, todo suma y todo aporta algo a la experiencia.

El juego no cuenta con un sistema de recompensas o un típico sistema de karma por ser buenos o malos. Eso lo agregamos nosotros. Genera una sensación muy fuerte ver como se llevan del edificio a ese personaje al cual gracias a las conversaciones, y al trabajo de vigilancia, hemos llegado a conocer y hasta a sentir empatía con él. Nos hace sentir como traidores, en cierto modo lo somos, pero también resulta demoledor el ver a nuestra familia o al propio Carl sufrir las consecuencias de jugar a ser el héroe y desobedecer al sistema. Aunque, eso sí, en ocasiones el vecino que están echando a la calle lo merece, se lo ha ganado porque claramente es una mala persona, en esos casos la sensación es de que estamos haciendo lo correcto. Lo mismo sucede cuando ayudamos a alguien que, según nuestra óptica, era inocente y afrotamos nuestro «castigo» convencidos de haber hecho lo que era justo.

Las otras funciones del cargo

El juego no va solo de delatar a los personajes, aunque nuestro trabajo se base principalmente en eso, también contaremos con otros objetivos y funciones que cumplir en nuestro empleo, obviamente impuestos por el gobierno. Beholder no cuenta con una historia como tal, aquí el devenir de los acontecimientos lo marcamos nosotros mediante nuestras decisiones y el cumplimiento de las metas que se nos plantean. El no cumplir con nuestro trabajo principal o con alguno de los otros objetivos que se nos pongan podría llegar a tener consecuencias terribles para Carl y/o familia.

La cantidad de misiones, tareas y objetivos de todo tipo es bastante amplia. Podemos optar por hacerlas todas y pues todo irá muy bien para Carl y su familia, pero el atractivo principal y lo que el juego busca es que nosotros seamos quien elije cuales hacer y cuales no. Esa es la gracia. En ese sentido la experiencia es muy entretenida.

Bajo la sombra de la tiranía

Beholder es un juego muy oscuro. En planteamiento, en concepto, en historia y en estética. Se vale de una ambientación sombría que representa el calvario que los habitantes viven al ser oprimidos por el régimen. Un diseño de arte muy funcional y que encaja bien con el entorno que se vive. A nivel gráfico no es un portento técnico ni mucho menos, es un juego que funciona bien y que no destaca especialmente en ese apartado. Es sencillo pero efectivo. Por su parte en el tema del sonido, la banda sonora es poco variada y aunque es adecuada para el escenario y la situación que se vive en aquel país, llega a sentirse monótona y repetitiva. La ambientación sonora está ahí y ha sido hecha de forma correcta, al igual que los gráficos no son especialmente memorables pero son muy funcionales.

Conclusiones

Beholder es un juego que va sobre lo duro que puede ser trabajar en un régimen totalitario. Plantea las dificultades con las que se puede uno encontrar y apela a la moral y a la parte humana de cada uno para tomar la decisión correspondiente. Le da relevancia a cada elección y al concluir el trayecto obtendremos el fruto de lo que hayamos decidido. Consigue que los personajes nos importen y ahí radica su punto más fuerte. Mediante la importancia que le damos a los inquilinos del edificio, será más o menos difícil hacer nuestro trabajo. Nos invita a priorizar entre lo que queremos hacer y lo que debemos hacer. Resulta un poco molesto tener que hacer de mensajero de los vecinos para obtener alguna información útil y hay que reconocer que en ocasiones esto se hace repetitivo y puede llegar a cansar un poco. Aún así, es una obra bastante rejugable gracias al sistema de decisiones. Nos enseña que hacer justicia puede ser muy difícil, pero también que hacer nuestro trabajo puede llevarnos a sentir culpa. Es un juego que destaca por su planteamiento de las cosas y lo que busca transmitir. Los fans del género lo van a disfrutar mucho y aquellos que busquen ver las posibilidades del medio y conocer un título con un enfoque diferente al que ofrece el videojuego más tradicional los invito a probarlo. Solo tengan clara una cosa, sea cual sea el bando que eligamos, tendremos que pagar las consecuencias.

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Keveen Argueta

Amante de los videojuegos buenos, muy crítico con los malos. Por ahora, músico de profesión, futbolero por pasión y jugón por convicción.

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