AnálisisPS4

The Last Guardian – Análisis PS4

Una espera de casi diez años no es algo que le suceda a muchos juegos, o a muchas cosas en general. Esperar tanto tiempo por algo y que la ilusión se mantenga intacta es algo muy difícil de lograr. Esto lo ha conseguido la tercera obra de Fumito Ueda y con justa razón. Desde que vimos por primera vez los créditos de Shadow of The Colossus, todos aquellos que nos maravillamos con él, nos quedamos esperando su siguiente trabajo. Luego de unos años se anunció The Last Guardian y, con un tráiler que nos conquistó desde el minuto uno, dimos inicio a una espera que parecía no tener fin. Muchos problemas de muchos tipos fueron causantes de que el título se fuera perdiendo en el tiempo. Pasaron años sin que volviéramos a saber de él, pero durante el E3 2015 volvía a mostrarse y por fin parecía que iba a llegar al mercado. Luego de haber sufrido un retraso, hoy por fin tenemos entre nosotros la nueva creación del desarrollador nipón.

En busca de la libertad

The Last Guardian es un juego que desde el principio deja claro lo que es y lo que pretende. Es una obra que tiene muchas similitudes tanto con ICO como con Shadow of The Colossus. Parte de una premisa sencilla, controlamos a un niño que despierta junto a un animal que parece una mezcla entre gato y ave, pero con comportamientos más parecidos a los de un perro. Nuestro personaje deberá hacer equipo con dicha criatura, a quién conocemos como Trico, para lograr escapar del lugar. No hay más, simplemente la historia se puede resumir como dos compañeros en busca de la libertad.

Una historia no muy elaborada, pero sí muy emotiva y que además encierra un mensaje de libertad, en general y de la liberación animal, en particular. Quizás su punto débil sería la ausencia de un villano memorable, cosa que sí estaba presente en los anteriores trabajos de Fumito Ueda. El gran némesis con el que nos encontraremos en  la travesía será el escenario en sí mismo. En el camino deberemos ir resolviendo puzles y derrotando a los enemigos que quieran detenernos e impedir que lleguemos a nuestro destino. Este viaje en busca de un mismo objetivo desarrolla un vínculo en nuestros protagonistas que se convierte en el punto más fuerte del juego.

De compañeros de prisión a mejores amigos

La relación que desarrolla el niño con Trico es maravillosa, pero va un paso más allá. En otros juegos hemos visto como dos compañeros de aventura logran un vínculo muy fuerte, pero no trasciende más allá de los personajes, sin embargo en esta ocasión el lazo llega incluso a nosotros como jugadores. Absolutamente todo de Trico hace que nosotros también le vayamos tomando aprecio. Sus actitudes a lo largo del juego, su comportamiento e incluso la animación de sus movimientos nos dan la sensación que se trata de un ser con conciencia propia. Por un segundo logra que nos olvidemos que se trata de una criatura digital que está diseñada para comportarse así. En mi caso, tengo un gato como mascota y luego de haber jugado a The Last Guardian le tengo más cariño debido a que Trico en sí mismo es perfectamente comparable a cualquier mascota. Cuando lo acabas de conocer es tímido, te vas ganando su confianza, te va importando lo que le suceda. No come frente a ti porque te considera un extraño. Incluso tiene problemas de obediencia en ocasiones. Ueda se las ingenia para que no solo nuestro protagonista se vaya encariñando con su compañero, logra que nosotros mismos como jugadores le tomemos cariño y es que además del lado emocional que la relación con Trico aporta, es una parte importante para el desarrollo jugable del título, pero sobretodo es el centro de la experiencia que el juego ofrece.

Superando juntos los obstaculos

Nuestra aventura se centra en recorrer un escenario y resolver los puzles del mismo para poder ir avanzando en nuestra misión; para la resolución de los mismos, nuestros personajes se complementan entre sí. El tamaño del chico le permite llegar a lugares en donde nuestro compañero no puede ni entrar, por su parte al ser Trico un animal tan grande, en comparación con el niño, puede llegar a sitios más altos, mover objetos pesados y todo esto se lo indicamos mediante ordenes. Aquí es en donde el comportamiento del animal, o el nuestro como jugadores, puede afectar considerablemente la experiencia de juego. Trico, pese a que podamos pensar que actua de forma consciente, en realidad lo hace más bien de forma instintiva.

En función de como lo tratemos su respuesta a nuestras ordenes podría variar. El juego no ofrece algún tipo de recompensa tangible por hacer cosas como acariciar a Trico o explorar el entorno en busca de algo para que él pueda comer. Sin embargo en mi caso particular, tuve la sensación de que respondía de mejor forma a las instrucciones que le daba luego de haberlo tratado bien, darle de comer o acariciarlo. Podemos pensar que esa sería nuestra recompensa, pero aunque no hubiese ningún incentivo acabaremos haciendo dichas cosas porque nos preocupa lo que suceda con él, simplemente es algo que queremos hacer. Una situación que refleja esto se vive durante los combates.

La bestia es el único que puede luchar y los enemigos prácticamente van a por él, el niño cuenta con una especie de empujón como lo más parecido a un ataque y, aunque no es especialmente efectivo en la batalla, nosotros vamos y tratamos de  unirnos a la pelea para ayudar a Trico, para que no lo lastimen. Una vez terminado el combate, nuestro cuadrúpedo amigo queda con lanzas clavadas en su cuerpo, está sufriendo y nosotros no queremos que lo haga. Por tal motivo, le quitamos las lanzas, le buscamos algo de comer, lo acariciamos e intentamos todo lo que este a nuestro alcance para que él no sienta dolor. Así de fuerte es la implicación que consigue, así de intenso es el vínculo que crea.

Arte en movimiento

El juego es bonito de ver. Ya está, no hay más. Entra por los ojos y su apartado artístico enamora. El diseño de los personajes y el entorno, la tonalidad de colores y la mezcla de los mismo dejan como resultado una belleza en la dirección de arte del juego. El estilo de ICO y Shadow of The Colossus se hace presente y tal como en esos juegos, nos cautiva y nos invita a querer estar más tiempo en ese mundo. Lamentablemente no todo puede ser perfecto. El juego acusa algunos problemas técnicos. El frame rate no es tan estable como quisieramos, no llega a ser injugable, pero hay secciones concretas en donde se siente un bajón considerables. La cámara es muy caotica y el control es un poco incómodo; a lo segundo podemos acostumbrarnos, pero con la cámara tendremos que lidiar y se vuelve molesto. Sin embargo en cuestiones técnicas lo mejor del juego es Trico. Está hecho con una cantidad de detalles impresionantes, su cuerpo, sus gestos, sus animaciones y absolutamente todo ha sido realizado con el máximo cuidado para que se vea lo mejor posible. Es una verdadera maravilla.


Por su parte, en el tema sonoro, la ambientación está bien conseguida. La banda sonora es hermosa y acompaña perfectamente el trayecto. Cada tema encaja a la perfección con la situación que se vive en pantalla en ese momento. Posee composiciones espectaculares que podríamos escuchar mil veces y siempre nos van a maravillar.

Conclusiones

The Last Guardian es una espera que ha valido la pena. Ofrece una experiencia única y bastante sólida. No engaña a nadie y exactamente lo que podíamos esperar de él es lo que da. Puede que algunos piensen que no es un juego para todo el mundo, pero por lo que ofrece, por el mensaje y por la forma en que nos hace vivir la relación con Trico se merece, como mínimo, una oportunidad.  La historia pudo haber sido mejor, se nota mucho la ausencia de un antagonista estelar, pero funciona debido a que es muy emotiva y conmovedora. Los problemas técnicos están ahí y no se pueden ocultar, pero el título los cubre con un diseño artístico que enamora desde el minuto uno. Tal como los anteriores trabajos de Fumito Ueda, se atreve a explorar las posibilidades del medio y proyectos como estos refrescan a la industria. Es un juego ambicioso que busca ir más allá de los tópicos convencionales y lo logra de forma sobresaliente.

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Keveen Argueta

Amante de los videojuegos buenos, muy crítico con los malos. Por ahora, músico de profesión, futbolero por pasión y jugón por convicción.

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