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Darkest Dungeon y la psicopatía

Últimamente le estoy dando caña a Darkest Dungeon, juego indie de Red Hook Studios que nos coloca en la idílica situación de arreglar lo que un antepasado destrozó: la hacienda familiar. Según los mitos, bajo ella había un poder inimaginable, por lo que el ancestro en cuestión se puso a cavar como un poseso hasta llegar a la fuente del poder: un Primigenio. Entre que se gastó todo el dinero familiar y que levantar a un Primigenio suele conllevar consecuencias muy desagradables, la hacienda familiar y el pueblo que la rodea están sumidos en la más profunda decadencia. Nuestro antepasado nos envía una carta instándonos a ir al pueblo (que podemos nombrar como queramos) y arreglar lo que él ha liado. Luego se pega un tiro.

Darkest Dungeon nos propone reunir un grupo de cuatro aventureros de entre los que llegan al pueblo de manera regular y explorar una serie de mazmorras generadas aleatoriamente. La guasa es la siguiente: como toda buena obra inspirada en el ciclo literario de los Mitos de Cthulhu, la cordura será un elemento importante. Durante la exploración de las distintas mazmorras, nuestros aventureros se irán estresando, y llegados a cierto punto, se vendrán abajo (también puede venirse arriba pero eso pasa muy poco), lo que se traducirá en tener, por ejemplo, a un masoquista en el grupo que se hará daño a sí mismo y no querrá que le cures. Se puede desestresar a los aventureros en el pueblo realizando ciertas actividades, pero a la larga, mantener a un mismo grupo de aventureros será caro y fatigante, y acabarás con un grupo de desequilibrados mentales. Entonces los despedirás (si siguen vivos, porque aquí la muerte es permanente) y los echarás del pueblo.

Este modo de proceder con tus esbirros (porque el protagonista no eres tú en tanto que aventureros, sino en tanto que el tío que los contrata) te hará preguntarte ciertas cosas. Al final el método más rápido y fácil de conseguir dinero y recursos es utilizar a gente de nivel bajo, meterlos en una mazmorra, hacer que cojan todo y cuando no puedan más, echarlos. Y repetir con gente nueva. Este modo de proceder es lo que da más beneficios, sí, pero a costa de que personas que en principio no tienen nada que ver con tu empresa acaben abandonadas a un lado de la carretera y mentalmente inestables (porque no vas a emplear dinero en curarlos, claro).

Jugar a Darkest Dungeon es jugar a uno de los mejores juegos que me he calzado en mucho tiempo, pero es explorar también los límites de tu voluntad por llevar a término una misión sin importar lo que cueste. ¿Salvarás al mayor número de aventureros posible, aún a costa de recursos porque eres un filántropo o utilizarás sus servicios según te convenga y después te librarás de ellos para que entre sangre nueva? Darkest Dungeon no solo explora los límites de la cordura de tus empleados, explora los límites de tu propia psicopatía. Y eso no tiene precio. ¿Qué darás por restablecer la hacienda de tu familia?

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