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Worms W.M.D – Análisis PC

Versión: PC. También disponible: PlayStation 4 y Xbox One.

Hay dos formas de afrontar este análisis. Puedo, o podemos suponer que has jugado Worms alguna vez, que ya sabes sus mecánicas y que conoces de sobra ese revoltijo de estrategia, cachondeo y diversión que tiene el juego. ¿Y si no lo has jugado nunca? Tranquilo que para ti también hay sitio, a lo mejor te quedas y descubres un buen juego multijugador, que otra cosa no, pero Worms para echarte unas risas con los amigos tiene puntuación de 10. Eso sí, hay algo más que hablar.

Los gusanos vuelven de cachondeo

Soy de las personas que ha jugado las entregas de Worms antiguas, allá por 1999 y entrados los años 2000. ¿La fórmula? Un juego por turnos donde unos gusanos con un sentido del humor para todos los públicos se machacan unos a otros con todo tipo de armas: bazooka, minigun, escopeta, movimientos kung-fu, un plátano explosivo y una oveja con complejo de superhéroe. Todo vale dentro de la franquicia.

Hacía tiempo que no oía hablar de Worms, desde que probé el último en casa de un amigo hace ya años. Me comentó que ahora los juegos estaban hechos en 3D, pero aquello no acababa de cuajar en mi cabeza. Aún así jugamos un rato, pero la sensación distaba demasiado de la que yo tenía con el entorno en 2D. Llamadme nostálgico.

Y ahora, en 2016 nos plantan un Worms 2D. Vuelta a lo convencional, lavado de cara tras las entregas en 3D y aquí lo tenemos: Worms W.M.D.

Muchas armas, mucha estrategia, muchos Worms.

No hay nada que nos pille por sorpresa en esta entrega, las mecánicas se repiten de la misma forma que las anteriores entregas, pero lo que sí que tenemos que no tenían las entregas más recientes son los gráficos dibujados completamente a mano.

Por lo que respecta al arsenal, disponemos de un bazooka, granadas de mano, morteros e incluso armas cuerpo a cuerpo, normalmente utilizadas para desplazar a los gusanos enemigos y ganar terreno.

Las mecánicas son simples y adictivas. Aquí es donde viene la cuestión de si debéis o no debéis jugar al juego sin tener a nadie con quién compartirlo. Seamos sinceros, la mecánica por turnos tiene que ser dinámica, y más en un momento donde todos los videojuegos son un «toma y dale«.Con esto quiero deciros que los tiempos de espera para un jugador son demasiado tediosos.

Worms aprovecha los tiempos por turnos para saber que arma escoger, cuál es el arma que fabricarás a continuación o estudiar el mapa para saber que gusanos puedes expulsar del terreno. Básicamente, el juego nos ofrece 3 formas de afrontar esta característica: podemos jugar contra la IA, prácticar formas de eliminar a muchos oponentes de forma simultánea o saber el trayecto de los proyectiles o el funcionamiento de todo el arsenal que nos ofrece Worms. Podemos jugar online, contra un jugador aleatorio, cosa que si sois competitivos os dará un aliciente para seguir jugando.

Habrá escenarios en los que tendremos disponibles armas como tanques, mecas e incluso torretas francotiradoras.

Y por último, podemos jugar con un amigo en la misma habitación en la que estemos. Aquí es dónde quiero recalcar que Worms no ha pedido la esencia. Jugar con alguien al lado es muchísimo más entretenido que las otras formas que hemos comentando. Y es que hay que pensar que la franquicia originalmente se fijó como un juego de consola. Para esa función el juego ha envejecido absolutamente bien, no negaré que es igual de divertido (o más) que sus anteriores entregas.

Esta vez tenemos vehículos y objetos para fabricar armas, que pueden dar una vuelta de tuerca a la partida, pero no esperéis mucho más contenido adicional a parte de los disfraces y voces para los gusanos (totalmente personalizables).

Conclusiones

La conclusión que saco de este juego es que repetir la fórmula no siempre es efectivo, y menos en un contexto tan diferente como es el actual. Veréis, no soy amante de los juegos de acción ni mucho menos, pero la acción lenta es algo que no cabe dentro de los videojuegos ahora mismo. Todo lo que jugamos lo queremos rápido, o que al menos tenga un «buen fluir». Worms carece de este flujo, pensad por un momento en un juego por turnos. ¿Cuanto toleráis de espera? ¿Cuánto toleráis esperando delante de una pantalla sin realizar ninguna acción? Una espera mayor a 30 segundos hace que salgas muy rápido del juego, o al menos lo considero así, refiriéndome a «salir» como a la pérdida de la conexión que tienes con el mundo que te ofrece el juego en cuestión. Esa espera, en la que puedes soltar el mando y mirar con los brazos cruzados los movimientos de tu oponente hace que el juego no se mantenga sobre sus propias bases. Es divertido disparar, es divertido montarte en un tanque y destrozar a 2 o 3 gusanos de golpe. PERO FALTA ALGO. Ese «algo», a mi parecer, es la reacción de tu amigo/a viendo que le has desarmado su ejército de gusanetes. Esa es realmente la sensación que quieres, de otra forma, el juego se vuelve aburrido.

Cierto es, por otra parte, que si has jugado anteriormente a otras entregas de Worms, te alegrará ver que el título sigue adelante. Quizás esta pequeña decepción en cuanto a la jugabilidad, me la he llevado por que, queráis o no, el juego tiene 20 años y sus mecánicas no han cambiado lo más mínimo. ¡Cosas de la vejez, supongo!

Si algún día tenéis nostalgia y queréis ver como se mantiene Worms, desde luego os recomiendo que le echéis un ojo, sin embargo, a un jugador de nueva generación, le recomendaría otros títulos más dinámicos como Age of Empires.

Navi Games

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