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Cuando la sencillez nos engaña

Si te pregunto qué plan es el más sencillo que puedes proponer a tus amigos para hacer el día de hoy, ¿cuál sería? Voy a interpretar que tu respuesta ha sido la de tomar unas cervezas o algún refresco en alguna terraza no muy lejos de vuestras casas. Es un plan fácil de ejecutar, solo habría que ir hasta el local y disfrutar de la compañía. Sencillo y efectivo.

Y ahora te vuelvo a preguntar, ¿ha habido algo que te haya costado para ejecutar ese plan? Tal vez la respuesta sea no (desmontando así mi bonita introducción), pero seguro que con quien has pensado en quedar cuando lo he dicho no ha sido el primer amigo o amiga que has tenido en tu vida. La buena compañía es la clave del éxito de un plan, por sencillo que sea, y encontrar esa buena compañía, en ocasiones, es una tarea de lo más complicada. Y si eres un videojuego, esa buena compañía es igual de difícil de encontrar: una buena ambientación, unos buenos personajes, unas buenas mecánicas…

Últimamente he estado jugando a cosas muy sencillas que me han dejado absolutamente enamorado, consiguiendo con poco mucho más que los triple A más trabajados del mercado.

La soledad no es sencilla

La primera de ellas es The Last Door, una aventura gráfica de corte clásico creada por el estudio sevillano The Game Kitchen (actualmente trabajando en el prometedor Blasphemous). El apartado gráfico es píxel art puro y duro -creo que los cuadrados podrían quitarte un ojo si te acercases mucho-, pero está cuidado al extremo. Se nota el aumento de presupuesto de episodio en episodio, que es como se financió a través de Kickstarter, en las opciones que van abriendo al jugador, como el aumento de tamaño de los escenarios o la cantidad de puzles. Con respecto al gameplay, es una aventura gráfica clásica: vas avanzando por escenarios, hablando con gente y recogiendo objetos que te servirán para abrirte paso en unos puzles muy lógicos y solventes.

La clave de este juego para mí ha sido su ambientación. La historia está fuertemente influenciada por los relatos de Lovecraft, y han conseguido una representación esplendida de la opresión, el misterio y la locura de sus relatos, con una serie de píxeles y una banda sonora increíble. Los sonidos y la ausencia de ellos es magistral y me he sorprendido a mi mismo en más de una ocasión mientras lo jugaba demasiado cerca de la pantalla por la tensión. Me ha fascinado cómo han conseguido una atmósfera mucho más opresiva y, en definitiva, un buen juego de terror, en una aventura gráfica con este apartado gráfico que en juegos más grandes que se venden como de terror hoy en día.

Y la compañía tampoco

La otra cara de mi moneda de la sencillez es Thomas Was Alone, un juego de plataformas hecho por Bithell Games, donde llevaremos a distintos personajes, cada uno con sus habilidades, a través de ciertos niveles. La particularidad es que estos personajes son todos rectángulos.

Se trata de un plataformas excelente, con un narrador que nos cuenta cómo es cada uno de nuestros personajes, diciéndonos sus gustos o sus miedos. He llegado a coger verdadero cariño a alguno de estos cuadrados. Cada personaje tiene un color, un nombre, una forma y una habilidad. Los conocerás enseguida, pues es lógico que el rectángulo largo horizontal pueda servir de cama elástica para el resto de personajes. La caracterización es brillante y sencilla, pero conseguir que te encariñes y, sobre todo, que recuerdes cada uno de los nombres de los personajes no es algo fácil (pensad en cuantos juegos habéis jugado y durante el propio transcurso del mismo os habéis olvidado de cómo se llamaban algunos personajes). Conseguir unos buenos amigos tampoco ha sido un camino de rosas para Thomas.

Mi objetivo con todo esto es que no os dejéis engañar. Las cosas más sencillas pueden lograr cosas extremadamente difíciles, que las más elaboradas, en ocasiones, ni se acercan a tocar. Un triple A siempre te aporta garantías, pero pocas grandes producciones han conseguido algo como The Last Door ha conseguido, ponerme en tensión en multitud de ocasiones con unos cuantos píxeles, y Thomas Was Alone, que le coja cariño y me preocupe por un grupo de rectángulos. El talento que hay en esta industria me deja verdaderamente abrumado en muchas ocasiones.

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Daniel González Camaño

Tal vez os interese mi vida de filólogo, o tal vez no. En todo caso resulta que me gustan los jueguicos y a veces escribo sobre ellos. Beyond Good & Evil es lo mejor que ha dado este mundo.

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